El boicot como excusa

Rápido resumen. El 19 de septiembre de 2015 no fue el mejor día en la vida de Fernando Trueba. Y eso que la cosa prometía: recibía el Premio Nacional de Cinematografía que otorga el ministerio del ramo, que la tradición dicta que se entrega en el (incomparable marco del) Festival de San Sebastián.

Quizá incómodo por lo rimbombante del galardón, o por venir de manos de un gobierno del Partido Popular (PP) o sepa Dios por qué otra razón, Trueba patinó. Quiso hacerse el gracioso, jugar con una ironía de muy dudosa eficacia y optó por decir lo que todos ustedes ya saben. Una torpeza, una patochada, unas palabras huérfanas de la menor gracia y muy dudosas desde las más elementales “buenas maneras” a partir del momento en que el director acepta el premio de manera voluntaria y procede a embolsarse los 30.000 (públicos) euros con los que está dotado. Un “gracias” y cuatro obviedades hubieran bastado. Es curioso que la misma persona que estuvo brillante en aquel memorable discurso de aceptación del Óscar metiera tanto la pata en otro, a priori, mucho más sencillo.

La reacción adversa fue mayoritaria. Y no hubiese estado de más que cierta izquierda mediática le hubiera afeado la conducta. Desde la opinión publicada de derecha, ferocidad. Pero eso es por desgracia la tónica general de nuestra sociedad cuando cualquiera de los dos extremos ve posibilidad de hacer sangre en el otro.

Ya casi no tenía remedio.

En estas, que Trueba pone en marcha una ambiciosa producción: la segunda parte de La niña de tus ojos (1998). Bajo el título de La reina de España, la productora del director consigue reunir al estelar elenco de aquella –Penélope Cruz incluida-, con incorporaciones de relumbrón tanto patrias –Javier Cámara, Ana Belén– como foráneas –Cary Elwes, Mandy Patinkin o Clive Revill, memorable conserje del hotel de Avanti! (Billy Wilder, 1972)-. La cosa ronda, dicen, los 11 millones de euros. Poca broma.

La película está lista para el estreno el 25 de noviembre, fecha dentro del rango fetiche del director, que dice que estrenar alrededor del puente de diciembre le trae suerte. Atresmedia está detrás, con todo lo que eso supone a la hora de promocionar la cinta en los medios del grupo. Nada es suficiente: la película cosecha un rotundo fracaso en su primer fin de semana en taquilla.

La explicación a este indudable fiasco es demasiado atractiva para los medios de comunicación que necesitan impactos constantes de duración efímera. La relación causa efecto se da por hecha, vista las distintas campañas que desde sectores ideológicamente muy conservadores se han llevado a cabo en las redes sociales.

Ha habido honrosas excepciones pero, por regla general, el tratamiento de la noticia ha sido un penoso ejemplo de los males que aquejan hoy día al periodismo. Es obvio que el lamentable discurso de Trueba no le iba a hacer sumar espectadores. Sin embargo, cabe pensar que fueran más los que estaban dispuestos a perdonarlo pasando por taquilla si ofrecía una propuesta que fuese de su indudable interés. Una cosa es el director de cine y otra el discursista patoso. Respecto a los promotores del boicot, qué quieren que les diga, tengo mis serias dudas. Algo -imposible de probar, lo reconozco- me dice que no hubieran pasado por caja para ver La reina de España aunque su director no hubiese abierto el pico aquel día de septiembre.

Pongamos, por favor, las cosas en su contexto. El divorcio entre Fernando Trueba y la taquilla española no viene de ahora. La niña de tus ojos fue, de hecho, su último (aunque ciertamente muy importante) éxito. Desde entonces, sus películas han oscilado entre las 303.123 entradas que vendió El embrujo de Shanghai en 2002 y los 55.769 que fueron a ver El milagro de Candeal en 2004. Muy poquito. Y más teniendo en cuenta la envergadura de los proyectos en los que se suele embarcar. Ni consiguiendo una nominación al Óscar con la cinta de animación Chico y Rita (2010) consiguió datos relevantes en taquilla. Antes de que muchos de los que hoy llaman a no ver su película supieran que era, Fernando Trueba ya tenía un serio problema con los espectadores españoles. Él, que tantas alegrías dio a los productores –Andrés Vicente Gómez, especialmente- en las décadas de 1980 y 1990.

La reina de España es la secuela de un gran éxito, sí. Pero llega a las pantallas 18 años después. Sería ocioso detenernos a subrayar todo lo que ha cambiado. Los jóvenes que hoy acuden a las salas no la recuerdan.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, en la mañana de su estreno, la prensa nacional se mostraba llamativamen fría respecto a la película. Como para pensarse pagar 10 euros por ella.

Todo suma. O resta. Nadie duda que La reina de España tiene visos de convertirse en un importantísimo fracaso económico. Pero convendría analizar con mayor serenidad los motivos.

Número de espectadores de las películas dirigidas por Fernando Trueba desde La niña de tus ojos (1998)

  1. Calle 54 (2000). 68.661 espectadores.
  2. El embrujo de Shanghai (2002). 303.123 espectadores.
  3. El milagro de Candeal (2004). 55.769 espectadores.
  4. El baile de la victoria (2009). 271.553 espectadores.
  5. Chico y Rita (2010). 156.768 espectadores.
  6. El artista y la modelo (2012). 80.832 espectadores.

 

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