No siempre una antesala

PeterILU“La antesala de los Óscar”. Pocos tópicos periodísticos están más manidos que ese latiguillo para referirse a los Globos de Oro, los premios de cine (y televisión) que cada año concede la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood. No les engañaremos: esto ha sido así en la mayor parte de las ediciones. Pero no es menos cierto que estos galardones tienen sus peculiaridades. Y no está de más repasarlas en estas fechas tan propicias a la concesión de todo tipo de estatuillas.

Los casos más excepcionales los encontramos en 1973, 1981, 1982 y 2005. En esas ediciones, el ganador del Óscar al mejor filme [El Golpe (The Sting, George Roy Hill, 1973), Carros de fuego (Charriots of fire, Hugh Hudson, 1981), Gandhi (Richard Attenborough, 1982) y Crash (Paul Haggis, 2004), respectivamente] no figuró ni siquiera entre los nominados en ninguno de los dos géneros.

Y es que la separación de la mayor parte de los premios en dos categorías, drama y comedia/musical, ha permitido un reparto de juego mucho mayor que el que se da en los Óscar que concede la Academia de Hollywood. De este modo, los Globos han dirimido con un empate algunas de las más recordadas luchas sucedidas en su tradicional referente. Sonrisas y lágrimas (The sound of music, Robert Wise, 1965) contra Doctor Zhivago (David Lean, 1965), El Padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972) contra Cabaret (Bob Fosse, 1972) o Un americano en París (An american in Paris, Vincente Minnelli, 1951) contra Un lugar en el sol (A place in the sun, George Stevens, 1951) no fueron combates tan cruentos en los Globos, al haber premio a la mejor película para todas ellas.

Es precisamente el Globo de Oro a la mejor comedia o musical el que menor consonancia ha tenido después en los premios de la Academia. Hace unos años, lo ganó Resacón en Las Vegas (The Hangover, Todd Phillips, 2009) que no obtuvo una sola candidatura después a los eunucos dorados. Pero, además, figuran en su palmarés filmes que, con mayor o menor fortuna posterior con la Academia, en ningún caso figuraron como finalistas al mejor filme. Es la situación de títulos como Con una canción en mi corazón (With a song in my heart, Walter Lang, 1952), Carmen Jones (Otto Preminger, 1954), Ellos y ellas (Guys & Dolls, Joseph L. Mankiewicz, 1955), Las Girls (Les Girls, George Cukor, 1957), El secreto de Santa Vittoria (The secret of Santa Vittoria, Stanley Kramer, 1969), Rompehuesos (The longest yard, Robert Aldrich, 1974), La pareja chiflada (The sunshine boys, Herbert Ross, 1975), Ha nacido una estrella (A star is born, Frank Pierson, 1976), Arthur, el soltero de oro (Steve Gordon, 1981), Tras el corazón verde (Romancing the stone, Robert Zemeckis, 1984), Matrimonio de conveniencia (Green Card, Peter Weir, 1990), Señora Doubfire (Mrs. Doubfire, Chris Columbus, 1993), El Rey León (The Lion King, Roger Allers y Rob Minkoff, 1994), Evita (Alan Parker, 1996), Toy Story 2 (John Lasseter, 1999), Casi Famosos (Almost Famous, Cameron Crowe, 2000), Dreamgirls (Bill Condon, 2006), Sweeney Todd (Tim  Burton, 2007) o Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008).

El dato contrasta con el de la categoría de drama. A riesgo de haber perdido algún dato en la búsqueda, sólo El Cardenal (The Cardinal, Otto Preminger, 1963) se llevó en su día el gato al agua sin verse recompensado luego, por lo menos, con una candidatura al Óscar al mejor filme.

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Aún coincidiendo “grosso modo” en las nominaciones, a veces los periodistas que votan los Globos tienen preferencias distintas a las de los académicos. El año pasado, sin ir más lejos, coronaron a Boyhood (Richard Linklater, 2014) como drama, mientras que la oscarizada Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014) perdía como comedia frente a El gran hotel Budapest (The grand Budapest Hotel, Wes Anderson, 2014). Hay más casos. Los Globos distinguieron a La red social (The social network, David Fincher, 2010) frente a El discurso del rey (The king’s speech, Tom Hooper, 2010), Avatar (James Cameron, 2009) frente a En tierra hostil (The hurt locker, Katrhyn Bigelow, 2008), Expiación (Atonement, Joe Wright, 2007) frente a No es país para viejos (No country for old men, Joel & Ethan Coen, 2007), Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006) frente a Infiltrados (The Departed, Martin Scorsese, 2006), El Aviador (The Aviator, Martin Scorsese, 2004) frente a Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), Sentido y sensibilidad (Sense & sensibility, Ang Lee, 1995) frente a Braveheart (Mel Gibson, 1995), Esencia de mujer (Scent of a woman, Martin Brest, 1992) frente a Sin Perdón (Unforgiven, Clint Eastwood, 1992), Bugsy (Barry Levinson, 1991) frente a El silencio de los corderos (The silence of the lambs, Jonathan Demme, 1991), El expreso de medianoche (Midnight Express, Alan Parler, 1978) frente a El Cazador (The deer hunter, Michael Cimino, 1978), Chinatown (Roman Polanski, 1974) frente a El Padrino II (The Godfather part II, Francis Ford Coppola, 1974), Love Story (Arthur Hiller, 1970) frente a Patton (Franklin J. Schaffner, 1970), Ana de los mil días (Anne of the thousand days, Charles Jarrott, 1969) frente a Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy, John Schlessinger, 1969), La túnica sagrada (The Robe, Henry Koster, 1953) frente a De aquí a la eternidad (From here to eternity, Fred Zinnemann, 1953), El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950) frente a Eva al desnudo (All about Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950) o Belinda (Johnny Belinda, Jean Negulesco, 1948) y El tesoro de la Sierra Madre (The treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948) (ex aecquo) frente al Hamlet de Laurence Olivier.

En comedia, sólo apreciamos una discrepancia importante: cuando La chica del adiós (The goodbye girl, Herbert Ross, 1977) se impuso a Annie Hall (Woody Allen, 1977). Ese mismo año, ganaba como drama Paso Decisivo (The turning point), también de Ross, que más tarde batiría el récord de nominaciones sin materializar ninguna (11), algunos años después igualado por El color púrpura (The color purple, Steven Spielberg, 1985).

Sea en una reunión social o solitariamente frente al televisor o la radio, ya se pueden manejar estas excepciones (no mayoritarias, sí suficientemente numerosas) para apostillar, con aire repipi, eso de la “antesala de los Óscar”.

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