Albert Rivera, final entre Calderón y García Lorca

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Fue el final de campaña. Llegó Albert a la Plaza de Santa Ana. Plaza emblemática. El teatro Español al fondo. Con observadores de lujo. Calderón de la Barca y García Lorca. ¡Qué lujo! Y habló Albert. Sí, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para soltar lo que había ocultado durante toda la campaña electoral. “Vamos a intentar gobernar si ganamos. Si no ganamos, no formaremos parte de ningún gobierno ni habrá pactos de investidura ni de legislatura. Pero no pondremos trabas, dejaremos que la legislatura comience, porque pensamos más en España que en nuestros escaños”. Ahí está. Se abstendrá para que gobierne el más votado. ¿En quién estaba pensando? En el PP. En Rajoy. Con lo que le han zurrado en los últimos días. Pues no importa. Albert dejará que gobierne el PP.

Ciudadanos eligió bien. Un lugar hermoso para terminar la campaña. Pequeño. Mercado de artesanos en el pasado. Cercado por las terrazas en el presente. Con estufas de calor que parecen cirios de Semana Santa. Se han adelantado. Está bien empezar rezando. Por lo que pueda suceder. Poco espacio. Cámaras, prensa, organizadores y cien sillas para los invitados. Bufandas a repartir. Curiosos. Turistas. Esos son franceses, dice mi niño. Preguntan que quién va a actuar. Estos niños ya nacen con los idiomas aprendidos. Falta nos hace a los españoles. Llega la juventud “con un bonito reto por delante” porque, además, “Europa nos está mirando”. Ahí estaba Guy Verhofstadt, observando, tomando nota para informar a Europa. “Porque Europa mira a España para ver si se decide por un cambio sensato”. Todas frases elocuentes de Albert. Pero no muy alto. Porque Calderón, a su espalda, lo estaba observando. Para recordarle que ya que “fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos”. Porque a Calderón le queda la duda si Albert ha estado fingiendo o no. Tiene miedo a la traición. A que no haya vencido a su propio instinto y se entregue sin defenderse. “Vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña, que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla”. Ahí estará tu grandeza, Albert.

Slbert Rivera

¿Otras elecciones? Tal vez España no pueda permitírselo. 20m.es

Porque Ciudadanos quiere cambio. Ha predicado el cambio. Y lo busca desde el “centro”. Con negociaciones. Con “la vieja izquierda y la vieja derecha”. Había frío. Y Albert no calentó. Ni con chocolate, Ni con las estufas. No calentó el ambiente final. Parece que no le gustan demasiado las campañas. Mejor el Parlamento. Pero insistió en la necesidad de participar. Buscó a los jóvenes. “Tomad las riendas de vuestro país, que no voten por vosotros. Si no hacéis política, otros la harán por vosotros”.

Lo intentó Albert. Intentó que García Lorca se girara para escucharle. Pero no. Lorca siguió dándole la espalda. No tienen el mismo mensaje. “Los pueblos son libros. Las ciudades periódicos mentirosos”, le susurró, contemplando las palomas de su mano. Albert siguió lanzando su mensaje a sus fieles y a los turistas que, cerveza en mano, le prestaban atención. Pero Lorca no se giró. Le lanzó otro mensaje para que fuese precavido con el día siguiente. Con el mañana. “No soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, sino un pulso herido que presiente el más allá”. Lorca tan esquivo y tan profeta. Presiente el mañana sin acuerdos. El mañana sin diálogo. El mañana sin Gobierno estable. Sin Gobierno suficiente para realizar los cambios que Ciudadanos desea hacer. ¿Otras elecciones? Tal vez España no pueda permitírselo.

En la Plaza Santa Ana la noche se resistía a llegar iluminada por focos televisivos y cirios encendidos. Lorca siguió respondiendo con hermosas frases para que los turistas no se fuesen. Para que Albert siguiera en el escenario. “La noche no quiere venir, para que tú no vengas, ni yo pueda ir”. Federico García Lorca siguió de espaldas. Pero sonrió. Porque la plaza estaba tranquila. Los ciudadanos paseaban, venían, paraban, escuchaban y se iban. Libertad. “En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida”. Libertad para hablar. Libertad para escuchar. Libertad para votar. Seguro que a Federico le hubiese gustado girarse. Y sonreír a la libertad.

¿Quieres saber más de Eladio?  Captura de pantalla 2013-10-16 a las 23.55.05

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