A Zapatero le gusta Susana…

Olga Diaz

El ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero bebe los vientos por la candidata a la presidencia andaluza y no se corta a la hora de manifestarlo. Susana Díaz es la apadrinada a catapultar, cuando llegue el momento, a la secretaría general del partido. Susana le gusta, confía plenamente en sus capacidades políticas y, además, no duda en echarle un cable cuando viene a Madrid, presentándola ante los representantes de la élite empresarial que cotiza en el parqué madrileño.

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Abc

 

Un cable para Susana que, paradójicamente, se revela como una soga en el cuello del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez que, a este paso, morirá antes de haber nacido. Si bien es cierto que está en su mano idear un proyecto político atractivo, consistente, convincente y capaz de sacar del atolladero a un partido que se desangra tanto en intención de voto como a nivel interno, el reto es complicado cuando te encuentras, como Gary Cooper, sólo ante el peligro.

Ningún peso pesado del PSOE se está posicionando claramente a favor del candidato de la bonita sonrisa y es que, a pesar de sus esfuerzos, el mensaje de Sánchez no está calando ni dentro ni fuera, por mucha fotogenia que desprenda el candidato. Sus relaciones con Zapatero están rotas desde que las pasadas navidades éste osara a cenar con Pablo Iglesias, principal enemigo político de Sánchez. El encuentro, auspiciado por José Bono que dispuso su propio hogar para el convite, se antoja como una evidente afrenta que Sánchez no ha pasado por alto. Podría ser la venganza de Zapatero ante la intención de Sánchez de eliminar el artículo 135 de la Constitución, respecto a la Ley de Estabilidad Presupuestaria, aprobada en su día por el ex presidente. Pero el hecho de que el candidato se enterara por los papeles de la reunión Zp-Iglesias abrió la caja de Pandora entre ambos líderes.

Periodista Digital

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A la postre, Zapatero se pasea por las ondas contándonos las bondades de Susana Díaz y poniéndole ojitos a quien es, a día de hoy, la niña de sus ojos. Sánchez se enfrenta a un escenario muy complicado. Por una parte, la decadencia de un bipartidismo rancio que no convence a una mayoría que apuesta por la renovación y el cambio después de más de 30 años de alternancia. Por otro, a la desunión de su partido, la falta de apoyos públicos desde sus propias filas y a un ex presidente que en palabras de Sánchez “está todo el día enredando” lo que se traduce en el debilitamiento de su liderazgo. Y es que Zapatero ya tiene candidata porque a él le gusta Susana. Sánchez se siente frustrado y traicionado por Zapatero y, como él mismo ha confesado a un pequeño reducto de influyentes líderes de opinión, por él, “ojalá Zapatero se hubiese quedado en Cuba”.

Y es que ya se sabe que, en el amor como en la guerra, todo vale. Y Zapatero y Sánchez están ahora enrocados en una guerra en la que uno no tiene nada que perder y el otro, todo.

 

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