Óscars: Hasta que la muerte nos iguale

PeterILU

Vamos a hablar de los Óscars. Tranquilos. Una semana después, considero el palmarés suficientemente masticado. Los momentos álgidos de la gala, sobradamente diseccionados. Hasta la actuación de Neil Patrick Harris, riendo el final de cada uno de sus chistes, cumplidamente masacrada. En estas líneas nos vamos a detener en un aspecto aparentemente menor, pero para que algunos freaks de los premios de la Academia -entre los que con orgullo me incluyo- supone uno de los momentos más esperados. Hablamos del “In Memoriam”, el vídeo con el que Hollywood rinde honores a sus mitos fallecidos en el año transcurrido entre una gala y otra.

No hay nada más emocionante para recordar a un muerto que verle con vida. Volver a tener delante sus movimientos. Escuchar de nuevo su voz. El común de los mortales (sobre todo mortales), tenemos que contentarnos con algunas grabaciones caseras más bien horribles. Los profesionales del cine son otra cosa. Por eso, el “In Memoriam”, montado con habilidad, ponía la piel de gallina. Lamento amargarles el día, pero ni la vida es una taza de Mr.Wonderful ni es cierto que todos seamos iguales. No impacta por el igual el fallecido en trágicas circunstancias en plena cumbre de su carrera que la actriz que nos deja nonagenaria después de cuatro décadas sin asomar por la pantalla. No emociona al mismo nivel el intérprete carismático que ha protagonizado decenas de títulos inolvidables que el diseñador de producción al que sólo conocerán los más cinéfilos. No pasa nada. La mera inclusión en el citado montaje ya debe ser considerado un honor para los familiares. Pero estaremos de acuerdo en que el año en que se te muere Paul Newman, tienes que cerrar el vídeo con Paul Newman. (Y eso que fue el mismo año en que expiró Charlton Heston).

La interacción con la platea convertía el mortuorio momento en sencillamente electrizante. Por lo anteriormente expuesto, algunos de los finados provocaban un sensible aumento de la ovación, que dejaba de ser educadamente monocorde a prorrumpir en aplausos verdaderamente emocionados. El vello de punta.

En los últimos años, y de manera progresiva, la AMPAS parece empeñada en despojar de todo interés el tributo. Las imágenes en movimiento, a veces acompañadas de sonido, han sido sustituidas por fotografías, con más o menos artístico tratamiento. El audio ambiente del patio de butacas ha quedado totalmente silenciado. La lista de difuntos desfila ahora por la pantalla sin orden ni criterio aparente. Y como mucho, una actuación musical en vivo puede aportar algo de emoción. Igualitaria y uniforme, claro está.

Hollywood lo ha conseguido: su “In Memoriam” ha quedado a la par que el de los españoles premios Goya, eterna asignatura pendiente en Zurbano 3. (Esas fotos arrancadas en las que perduraba el agujero de la chincheta…) Ahora que Los Ángeles se rinde, Madrid podría aprovechar. No es que desee que mueran a mansalva grandes artistas de nuestro cine, Dios me libre. Pero la biología es inexorable. Sólo este fin de semana, Rosa Novell y Héctor Colomé. ¿Se imaginan un vídeo correctamente montado: imagen, música, aplausos del público y ordenado dosificando los “highlights”? Haciendo, en resumen, verdadera justicia a la memoria de los fallecidos. Esto también es resistir.

Siempre nos quedará YouTube.

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