El éxito de una persona refugiada: la paz

WINNIESILU

Nicole Ndongala huyó de Congo y buscó refugio en España. Su historia no es ni mejor ni peor que la de otros refugiados, pero sí igual de desconocida que la de casi todas las personas que huyen, han huido y huirán para salvar la vida.

No recuerda a qué estación de autobuses de Madrid llegó. Solo que lloró durante horas sentada en un banco. Como congoleña hablaba francés, pero no español. No sabía nada de España. Era el 27 de noviembre de 1998. Un hombre que entendía un poco de francés la llevó a un hotel. “Era carísimo” y el dinero que le habían dado sus padres solo le sirvió para pagar dos noches. “¿Qué hago ahora?”

Nicole Ndongala sonríe mientras me dice que puedo preguntarle lo que quiera menos su edad. Tuvo una infancia feliz en Congo. Su padre fue alcalde de distintas localidades y director de un banco. Gracias a esto ingresó en Estudio Superior de Comercio en la Universidad de Kinsasa al tiempo que realizaba prácticas en una casa de Toyota. Con la caída de Mobutu “llegaron los rebeldes. Al principio la gente estaba contenta porque se marchaba el dictador y llegaba alguien para salvar el país, pero empezaron los disturbios, las violaciones y las matanzas. No era la paz que la gente esperaba tanto”. La vida de Nicole cambió radicalmente, fue víctima de varias detenciones sin que nunca nadie le dijera el motivo. Pasó horas encerrada en comisaría, a pesar de lo cual tuvo suerte, nunca la violaron. Las mujeres y niños de Congo se habían convertido ya en las principales víctimas.

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Te tienes que marchar

Tras su última detención, sus padres tomaron una decisión: “Tú te tienes que marchar de aquí”. Gracias a los medios económicos que tenían pudo obtener con cierta rapidez un pasaporte falso, “venir legalmente desde Congo es misión imposible”. Uno de los motivos por los que no dan visados a la gente joven es porque dan por sentado que se van a quedar en Europa y no van a volver; “allí nos han vendido Europa como paraíso”. Estos medios económicos posibilitaron que pudiera volar hasta Bruselas, “había vuelo directo y más facilidad para conseguir el billete”. Esta explicación del destino elegido encierra el carácter del viaje: huida.

Dentro del avión Nicole se dio cuenta de que estaba dejando su tierra. “Mi madre no lloraba. Ahora, cuando voy de vacaciones, mi madre siempre llora al despedirme, pero me acuerdo perfectamente de que ese día no lloró.” Por primera vez Nicole interrumpe su discurso fluido, pausado y en ocasiones vehemente, y comienza a llorar en silencio por un brevísimo lapso de tiempo. “Creo que no lloró porque para ella fue como una tranquilidad”. Pero yo “me sentí intranquila por ellos que se quedaban”. Fue entonces, en ese avión, cuando “empecé a darme cuenta de que mis padres hicieron esto para salvarme la vida”.

Europa-paraíso

Pocos días después de llegar a Bruselas sucedió algo que la llevó nuevamente al pánico, a lo peor de Congo. “Yo me enteré de que una chica centroafricana, si no me equivoco, que no tenía documento, se enfrentó a la policía que la intentaba deportar. Ella no quería subir en el avión. Entonces, empezó la pelea, la pelea… Ella mordía a la policía y la policía le tapaba la boca, y de tanto tapársela se ahogó, se murió”. Nicole volvía a preguntarse: “¿Qué hago yo?” Una chica le dijo que viniera a España, que aquí las cosas estaban bien. No le importó no conocer a nadie ni nada del país, “yo no había planeado nada, solo me había escapado de un problema al salir de Congo, así que cogí un autobús y me vine”. El hecho de viajar con pasaporte falso no la amedrentó, “después de lo que había vivido en mi país, tenía ya la mente de que no puedo volver allí, pase lo que pase tengo que seguir adelante”. Es esta actitud la que nos cuesta entender en los llamados países ricos. No comprendemos que muchos inmigrantes y, por supuesto, los refugiados, no se plantean jamás la vuelta inmediata a sus lugares de origen. Están huyendo. “No, no podía volver. Eso lo tenía claro desde el momento en que subí al avión, que haría todo lo posible para no estar en peligro por mi madre, que había hecho tanto para protegerme”.

Tras las horas de lágrimas en la estación de nombre olvidado y en el hotel al verse sin dinero, se repuso y tuvo una idea, como es católica, preguntó por parroquias a las que se pudiera dirigir. En una de ellas le dijeron que había una asociación llamada Karibu que ayudaba a personas como ella. Y así fue. “Es cuando yo puedo decir que fue una oportunidad que se abrió en mi vida otra vez”. Karibu le proporcionó un albergue para dormir, una comunidad a la que pertenecer, apoyo y herramientas para alcanzar la dignidad. Nicole hizo cursos de español, traducción, mediación social, protocolo, etc. Gracias a esto trabaja desde el año 2000 como traductora –de francés, lingala y kikongo– y mediadora intercultural y social en Karibu, así como de coordinadora del proyecto de la mujer africana de esta asociación. Completa su trabajo con charlas y conferencias, además de colaborar como traductora con otras asociaciones como Accem o Entreculturas. También ha participado en el documental Manzanas, pollos y quimeras. Su trabajo en Karibu es “muy duro, pero muy gratificante”. Hay de todo entre las mujeres a las que les dan la primera acogida. Algunas han tenido experiencias terribles en el camino como pasar años caminando por el desierto. Aunque Nicole tuvo los medios económicos para hacer un viaje más sencillo, las situaciones de estas mujeres le resultan cercanas, “me identifico con ellas”.

Nicole se siente arropada en España, tiene amigas y a su familia de Karibu. Este entorno ha posibilitado que desarrolle su gran afición: cantar. Desde que vive aquí ha empezado a componer y ahora comenta satisfecha que ha grabado dos CD.

Nicole ahora tiene la nacionalidad española y trabaja con mujeres africanas. Estrella Martínez.

Nicole ahora tiene la nacionalidad española y trabaja con mujeres africanas. Estrella Martínez.

No hay españoles negros

Dada su situación, a Nicole le recomendaron en Karibu que pidiera asilo político. No se lo dieron, pero sí “una protección humanitaria”. Esto fue “un paso para mí porque es un documento que te permite vivir con tranquilidad, estás legal, ya no te detienen, porque aquí también te detienen cada dos por tres cuando eres inmigrante”. Ese estatus legal es fundamental, es el camino para alcanzar “el éxito”. Un éxito que Nicole define como “la paz que te permite ubicar tu vida, pensar qué hacer. Cuando estás en peligro constante es imposible pensar en esto. Una persona que está a punto de saltar la valla no piensa igual que la que está aquí dentro legal, sin miedo a que lo detengan y lo deporten”. Por su experiencia laboral denuncia que “hoy en día es misión imposible conseguir la protección humanitaria, yo fui afortunada, eran otros tiempos”. Los datos de CEAR confirman que, efectivamente, la mayoría de las peticiones son denegadas.

Ahora Nicole tiene la nacionalidad, aunque ha tenido que escuchar que “no hay ningún español negro”. Antes de llegar no se había planteado el tema del racismo, “en Congo a los blancos se les trata con un respeto que no te puedes ni imaginar, así que para mí fue una decepción llegar. No es que pensara que me fueran a tratar como una señora o algo así, pero sí que no me iban a rechazar”. Este racismo está también presente dentro del propio colectivo de inmigrantes, según denuncia Nicole. Cuando llegó a España la situación racial “era un poquito mejor que ahora, hemos ido a peor, yo no sé si por la crisis o por lo que sea”. Es difícil que cale el mensaje de que la mayoría de “nosotros no venimos aquí a robar, no venimos a destruir, venimos a construir, a aportar, no solo a recibir, cotizamos a la Seguridad Social, la gente se puede beneficiar de lo que aportamos, y no solo en el sentido material, nos estamos integrando”. Tampoco es sencillo que la gente vea que “no venimos aquí porque lo hayamos elegido, lo hacemos porque solamente necesitamos protección y refugio”. Presuponer que son delincuentes es casi tan hiriente como otra actitud que mostramos con frecuencia: la lástima preventiva –dícese cuando sientes pena por alguien sin tener ni idea de su situación y, lo que es mejor, no te importa–. “Pobrecito, que no sabe nada, que es analfabeto… ¡No somos idiotas, somos personas!”

Una de cal y otra de arena

El Parlamento Europeo entregó a finales del año pasado su Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia al ginecólogo congoleño Denis Mukwege por su labor de protección a la mujer en Congo. Cuando recogió el galardón afirmó que “el cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla”. Sí, las cosas no han cambiado desde que Nicole abandonó su país. Parece que a Europa le importa la barbarie, parece que cumple con la petición de Nicole: “Hay que investigar por qué las personas abandonamos nuestros países, ir a las causas, ahí está la clave”. Sin embargo, nuestro mundo nunca deja de mostrar su doblez. Premia a Mukwege mientras que Europa “lo que quiere es el cierre de fronteras, no os importa lo que nos pasa, es difícil que os pongáis en nuestra situación”.

Nicole recuerda que “el refugio es un derecho, no un regalo. Lo convierten en algo como que te hacen el favor, pero no lo es”. Lleva con orgullo ser una refugiada, una inmigrante, “nunca olvido mis raíces”. Le encantaría volver, “pero no mientras las cosas estén como están. A largo plazo sí me gustaría para ofrecer a los míos lo que yo he vivido y aprendido en Europa”. Nicole enmudece por segunda vez ante mi pregunta de si ha pensado cómo habría sido su vida si se hubiera quedado en Congo. El volumen de su voz cae: “Fíjate que esta es una parte que nunca he querido pensar… Pero sé que iba a terminar mal”.

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3 pensamientos en “El éxito de una persona refugiada: la paz

  1. Wgracias Nicole por todo lo que nos ido dando con tu vida, tus experiencias,tu fortaleza, tu entereza.y por revelarte tal y como eres y to lo que tuviste que sufrir.Perdona en mi nombre y el de los demás.Nicole soy Lola y me acuerdo muy bien cuando llegaste,te acercaste a la mesa de acogida y te escuche y enseguida te pase con Antonio.doy gracias por ti, por Karibu especialmente por Antonio y Beni.Te recuerdo con mucho cariño.

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