Charlie Hebdo: La libertad del símbolo

GonzaloILU

Charlie Hebdo era una revista satírica, ahora es un símbolo. Los periodistas, más aún incluso los dibujantes, nunca son del todo conscientes de los peligros que les acechan. Escriben sobre terrorismo, sobre integristas, sobre ultras o mafiosos sin pensar en que, en ocasiones, hay consecuencias. ¿Quién va a matar por un río de tinta? Más gente de la que uno podría esperar.

Charlie Hebdo era polémica porque se dedicaba a explorar los límites. Podía no gustar, parecer zafia e irreverente en exceso (suponiendo que el exceso sea posible) pero no era más que una revista. Esto que en occidente sabemos y aceptamos, al menos hoy, en 2015, es controvertido cuando entran en escena planteamientos de vida medievales.

Charlie Hebdo es la penúltima tragedia, pues todos sabemos que habrá más. No hay argumento válido que explique el planteamiento del terrorista, pero están ahí y no podemos negar la realidad. No se solucionará pronto, porque si pueden llegar a las mentes de gentes nacidas y educadas en la cultura europea, pueden llegar a casi cualquier sitio.

Hay un capítulo en El Ala Oeste de la Casa Blanca que pivota sobre el terrorismo. Es el primero tras el 11-S. En un momento recuerdan que el terrorismo, y ahí está la historia para demostrarlo, es absolutamente inútil. Nunca consigue sus propósitos. Si los dos hermanos Kouachi querían callar al humor, a la crítica a su religión y sus costumbres, no han podido fallar más. Hoy los periódicos de todo el mundo reproducen en sus páginas las viñetas que les enfurecieron (hasta el punto de matar a sangre fría, porque estas cosas existen aunque sean inimaginables). Hoy hay más viñetistas y escritores dispuestos a sobrepasar las líneas para defender los valores occidentales. Debe ser así.

Charlie Hebdo es el nuevo símbolo que nunca hubiésemos querido tener. Se ha puesto fin a la vida de inocentes que iban a trabajar cada mañana. En ocasiones, cuando muere gente de los medios de comunicación, se pierde algo la perspectiva. Empezamos a hablar de los grandes valores, de la defensa a la libertad de expresión y demás, pero se nos olvida lo que quizá es más importante. Detrás de los muertos de Charlie Hebdo hay una serie de vidas cotidianas, problemas mundanos, hipotecas y familias más o menos normales. No estaban en Irak, empotrados en un ejército en medio de los tiros. Llevaban, como la mayoría de periodistas, una vida más parecida a la de un oficinista que a la de un aventurero.

elcomercio.pe

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Es posible que las próximas semanas sean muy duras. Se conjugarán con dolor, que es un elemento que nunca hace bien al debate, por lógico que sea. Habrá cierta psicosis, alguno incluso querrá imponer medidas para hacer del mundo un lugar más seguro… y menos libre. Libertad y seguridad son términos que se contradicen, y en no pocas ocasiones se aprovecha el miedo para cambiar los términos del debate. Eso, estoy seguro, no es lo que querrían en Charlie Hebdo. Al fin y al cabo ellos se desentendieron de su seguridad porque buscaban ser libres. Son el ejemplo, que no traten de vender lo contrario.

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