Pintan bastos para Mato

Olga Diaz

La dimisión (obligada) de Ana Mato fue la noticia de la pasada semana dada la poca querencia del actual (des) gobierno a las bajas de sus miembros. Pija, rubia, supernumeraria del Opus Dei, madrina de uno de los retoños de los Aznar-Botella y fiel a Rajoy en sus horas más bajas, lleva ocupando cargos públicos desde 1983. Además, es conocida por declaraciones de tal calibre como “el mejor momento del día es cuando visten a mis hijos”. Ana Mato sería, en el lenguaje de Podemos, casta en estado puro.

La señora Mato -cuán desafortunado apellido para una ministra de Sanidad- seguiría, presumiblemente, ocupando su cargo a día de hoy si el auto del juez Ruz no hubiera trascendido, precisamente, la víspera de la comparecencia de Rajoy en el Congreso a propósito de la corrupción y regeneración democrática. A lo largo del debate, el presidente se evidenció como un cadáver político que se niega a aceptar su propia muerte. En un alarde de esquizofrenia institucional, forzó la salida de Mato para cubrir un flanco y, al mismo tiempo, se deshizo en alabanzas hacia ella para disculpar su mala conciencia por obligarla a hacer lo que él mismo debería. Con lo primero evita una crítica externa y, con lo segundo, elude la reprobación interna. De esta forma, sobre todo exaltando la gestión de la ex ministra, intenta minimizar el disparo a Mato, obviando que aquello exigible a su subordinada le es aplicable también a él.

El gobierno español cae en los peores vicios del despotismo ilustrado que decía gobernar en beneficio de sus súbditos, decidiendo qué les convenía pero sin tener en cuenta su opinión. Obliga a Mato a irse pero la mantiene de diputada en la ejecutiva y, además, la defiende. Pone al frente de la cartera de Sanidad a otro perro viejo. Alfonso Alonso, hasta ahora portavoz del PP en el congreso del que, como vitoriana paisana suya, conozco bien su modus operandi y de quien hablaremos en otra ocasión.

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RTVE

 

En cualquier caso, la clase política actual no es la solución, sino el problema. Pero el bajo nivel democrático de nuestra sociedad, además de un asunto de poca talla, es un problema de poca exigencia ciudadana. Nos tragamos lo que nos echen, y son todos infumables.

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2 pensamientos en “Pintan bastos para Mato

  1. Lo firmo y lo rubrico. Se puede decir más alto pero no más claro.
    Pero me quedo inquieto a la espera de conocer el “modus operandi” del sustituto.

  2. Gracias, Juan José, por tu comentario. Al sustituto vamos a darle un poco de tiempo en su nuevo cargo pero hablaremos de él, como ministro, como alcalde de Vitoria que fue durante ocho años y de su “modus operandi’ para rodearse de las personas adecuadas y llegar a ocupar una cartera sin tener ningún tipo de conocimiento de medicina ni Sanidad. Si bien es cierto que hacerlo peor que quien le precede es muy complicado, al tiempo.

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