Un ‘charlie’ en la corte del rey Felipe VI

Olga Diaz

Después de pasar una cuarentena voluntaria recluido tras su peliculera detención por parte nada menos que de asuntos internos, Francisco Nicolás Gómez, mediáticamente conocido como el ‘pequeño Nicolás’, ha decidido hablar. Lo hizo el pasado fin de semana, en la portada del El Mundo, con una primera entrega de la entrevista en exclusiva y, en prime time, en el espacio de Sandra Barneda, la noche del sábado. Si la rocambolesca versión que conocíamos no era suficientemente inquietante, el nuevo relato aportado por el protagonista, durante más de dos horas, lejos de aclarar dudas nos genera muchas más.

No fue Fran capaz de definir su relación con organismos como el CNI, la Vicepresidencia del Gobierno y la Casa Real (ahí es nada…), más allá de la figura de colaborador. Aseguró prestar sus servicios de forma altruista, justificando dichas ‘colaboraciones’ bajo la bandera del patriotismo, ya que, según su testimonio lo hacía por “amor a España y a los españoles”. La historia sería para desternillarse de no ser porque el asunto es muy serio. Se cuestiona la poca credibilidad que le queda unas instituciones públicas y un Estado al que no pueden crecerle más enanos.

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El Confidencial

Dudo mucho que todos los organismos que ahora se apresuran a desmentir, comunicado mediante, cualquier tipo de relación con Fran desconocieran al personaje. Tiene demasiados datos y pruebas gráficas. No alcanzo a comprender que un casi imberbe veinteañero fuera capaz de saltarse todos los dispositivos de seguridad y compartir mesa en ruedas de prensa con poderosos de primera línea, colarse en el balcón de Génova el día de las elecciones o acceder al acto de proclamación de Felipe VI, entre otras muchas apariciones, selfies e hitos estelares.

Como periodista, sé lo difícil que es acreditarse para cubrir ciertos foros, los controles a los que se somete a todos los asistentes a determinadas ruedas de prensa, convocatorias y eventos donde acuden personalidades, incluso, de menor relevancia que las referidas por Nicolás. Después de ver detenidamente su entrevista le otorgo mayor credibilidad que a cualquier representante del gobierno, cuya capacidad para creerse sus propias falacias es tangible y demostrable, como ha quedado constatado en multitud de ocasiones.

Francisco Nicolás tiene, por mi parte, el beneficio de la duda. Quizá adorna y exagera su relato. Puede ser. Sin embargo, no parece ese estafador de novela picaresca que nos quieren seguir vendiendo. Me da la sensación que se trata de un joven muy bien relacionado, con una labia que ya quisiera para él el mismísimo Rajoy. Un chaval que, en un determinado momento, se antoja incómodo para algunos. Los mismos que han intentado apartarle con la técnica de ‘matar una mosca a cañonazos’. Lo que ha pasado con él ha sido un desastre en toda regla. Y, sin ánimo de ofender a Fran y su reiterado amor patrio, me huele a chapuza marca España.

Telecinco

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Esta historia se le ha ido de las manos a quien corresponda, de la misma forma que a Nicolás se le escapó, o no…, en la citada entrevista, que él era un ‘charlie’. El apodo que utilizaban los norteamericanos para designar al Frente de Liberación de Vietnam durante la guerra (léase invasión) que enfrentó a ambos países entre 1954 y 1975. Ante tanto elemento cinematográfico, no me extraña que Santiago Segura esté pensando en utilizar la historia del pequeño Nicolás para su próxima película. El personaje apunta tales maneras que Torrente a su lado es un mero aficionado. Taquillazo asegurado.

Retomando el tema, no sé qué es peor. Que un veinteañero avispado y caradura pueda burlar la seguridad del Estado o que realmente hayan encomendado a Nicolás tareas de mediador para asuntos tan peliagudos como el catalán o la limpieza del nombre de la infanta Cristina. Atendiendo a la versión de las instituciones, ¿tengo que asumir –así, a bote pronto- que, en España, cualquiera con un poco de jeta puede colarse en Génova, codearse con ministros, departir con alcaldes, utilizar coches oficiales y entrar en el Palacio Real a la proclamación del nuevo rey? ¿En serio?

Si realmente las instituciones no le conocían, este país está muchísimo peor de lo que nos imaginábamos. Que, por cierto, no era moco de pavo.

 

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