El fin de las certezas

PeterILU

Ya va siendo hora de cortarse el pelo. Buff. 20 pavos. También es cierto que podría ir a un sitio más barato. Pero es que me gusta cómo me lo dejan ahí. Bueno, va, me los gasto. Lo malo es que, si voy, me voy a acabar dando una vuelta por los libros y los DVD. Como vea alguna oferta seguro que pico. Total, ¿para qué? Si con toda la pila que tengo pendientes de ver tengo entrenamiento audiovisual para los próximos decenios. Por no hablar de todo lo que tengo grabado del Plus. El Plus. Esa es otra. ¿Tiene sentido ese dispendio mensual dado mi magro sueldo? Calla, calla. No, espera. Sí, me corto el pelo y de paso aprovecho para comprar leche. Es que la necesito. La leche, no las decenas de tonterías que también adquiriré. Soy un gastón. Un pródigo, un frívolo. Si sigo a este ritmo en unos meses estaré arruinado.

El párrafo anterior responde a una cadena de pensamientos muy habitual, casi cotidiana, en este que les escribe. Ya lo habrán adivinado: me he acordado mucho de estos comportamientos míos estos días. Las responsables son 86 tarjetas de crédito. No vamos a entrar en detalles, porque a estas alturas ya los conocemos todos. Pero permítase un desahogo.

i.

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¡Vaya historia! Pasarán los años, echaremos la vista atrás, y el episodio perdurará como el más palmario ejemplo de los polvos que nos trajeron estos lodos. Todo parece seguir un guión que hubiesen escrito Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. De haber sido así, no creo que llegaran incluir algunos de los detalles que hemos conocido estos días. Los habrían desechado por excesivos. Ahí están la lencería fina y las copas en lugares de ligoteo para maduritos de los tertulianos que tantas lecciones de austeridad -para los demás- han dado estos años en teles y radios.

Hay un gasto, sin embargo, que me ha parecido particularmente sangrante. Y eso que su importe no llega a los dos euros. Lo efectúa repetidas veces Rodrigo Rato. Es el peaje al ir y venir del aeropuerto. ¿Gasto de representación? Cuando un tipo que gana 2’3 millones de euros al año pasa de rebuscar una moneda en el bolsillo y saca la tarjeta que no afecta a su cuenta para pagar un puñetero peaje es que, definitivamente, todo le chupa un pie. Hubo un tiempo en que pensé que Rato sería el mejor presidente que podía tener España. Me pregunto qué otras certezas del presente veré defraudadas en el futuro.

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