Lecturas de verano

PeterILU

Abacus

“Un buen libro es aquel que no te apetece terminar”. Lo viene a decir -no me voy a levantar a comprobarlo, como diría Umbral– el Harry Quebert de la presente novela. Cuesta creer que no sea una broma perversa introducida por su autor, Joël Dicker. Un consejo: reserve La verdad sobre el caso Harry Quebert para el verano, o bien para un período vacacional largo. Sus casi 700 páginas son para ser devoradas. Su trama no admite una lectura muy interrumpida ni excesivamente dilatada en el tiempo.

No estamos ante un libro particularmente bien escrito. Y, sin embargo, está magníficamente construido. Sin ser un destacable literato, Dicker tiene un gran instinto engarzando los capítulos, jugando con los saltos temporales y dosificando los giros en su absorbente “thriller”. Por eso es fácil perdonarle el esquematismo de algunas situaciones y personajes -pese a ser suizo, Dicker tiene ese rasgo tan de autor norteamericano de subrayar la tendencia política republicana de los personajes más antipáticos-.

Y, encima, sólo tiene 29 años.

PD: Infravaloramos la importancia de las portadas. El Retrato de Nueva Orleans (1950) de Edward Hopper, con el que esta novela se presenta ante los lectores en la mayor parte de sus ediciones internacionales, es toda una invitación a la adquisición (valga la paradoja).

LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT (La verité sûr l’ affaire Harry Quebert)

Jöel Dicker 

Alfaguara. Madrid, 2013 (publicado originalmente en Francia en 2012) 672 páginas. PVP: 22 euros (papel), 9’99 euros (e-book).

Pocos son los reconocimientos anuales a la literatura española que no se haya llevado En la orilla. Es la novela del año en castellano. O, al menos, eso parece haber decidido el “estabishment” de nuestras letras. Con semejante aureola, es difícil no hincarle el diente lleno de expectativas. Craso error. A las pocas páginas, todas se ven defraudadas.

Rafael Chirbes opta por un largo monólogo interior que, por momentos, recuerda a Antonio Muñoz Molina. Pero a una versión del jiennense desprovista de fuerza. La novela arranca con el hallazgo de un cadáver, cuya identidad deja de interesar al lector cuando todavía no se ha consumido un tercio del relato. Si aburrida resulta En la orilla en la forma, no es menos decepcionante en el fondo. Leo en la web de Anagrama que el presente título es, en opinión de Javier Rodríguez Marcos expresada en Babelia, “la gran novela de la crisis”. Pues qué quiere que le diga. El paisaje levantino lleno de grúas de obras a medio acabar, los constructores hundidos en la miseria, los puti-clubs de carretera y la clase política que despilfarra el erario. Nada nuevo bajo el sol. Un diagnóstico no necesariamente errado de nuestros problemas, pero sí suficientemente analizado en los últimos siete años como para que la visión de Chirbes no resulte ni original ni demasiado interesante.

Una pena.

EN LA ORILLA

Rafael Chirbes.

Anagrama. Barcelona, 2013. 440 páginas. PVP: 19’90 euros (papel), 14’99 euros (e-book).

Anagrama

Anagrama

Entenderán que alguien que se hace llamar Peter Fallow tenga cierta predilección por Tom Wolfe. Lo cierto es que, transcurridos 25 años del gigantesco éxito de La hoguera de las vanidades (The bonfire of the vanities) el creador del Nuevo Periodismo no había estado siquiera remotamente cerca de repetirlo. Quién esto firma cree que tanto Todo un hombre (A man in full, 1999) como Soy Charlotte Simmons (I am Charlotte Simmons, 2005) eran -son- dos excelentes novelas. Pero ni el público ni la crítica parecieron verlo así. Quizá por eso, Wolfe ha optado esta vez por copiar el esquema de su primera obra de ficción. Incluso con un punto de descaro.

En efecto, la disección del Miami actual guarda muchas similitudes con aquella del Nueva York de la década de 1980. De nuevo, la conjunción de medios de comunicación y política se cruza en la vida de un tipo corriente, en este caso un joven agente de policía, Néstor Camacho. Hay algunas diferencias notables, pero lo que pasa en el mástil de una embarcación de recreo juega un papel muy similar como detonante de la ficción a ese atropello de Henry Lamb en el Bronx que es ya Historia de la Literatura.

En conjunto, Bloody Miami -curiosa “no traducción” al castellano (¡!) del original Back to blood, “volver a la sangre”, como aparece escrito muy al principio de la historia- es una buena novela. Resulta divertida; incluso contiene algunos pasajes de carcajada, como la “performance” con salchichas a la que asiste atónita el personaje de Magdalena. De nuevo, Wolfe impone sus criterios morales -¿conservadores?- sin que éstos molesten en la narración. Pero también es irregular y deslavazada. Néstor y Magdalena están muy bien construidos, cosa que no se puede decir del periodista John Smith ni de su jefe Edward T. Topping IV, protagonista del prólogo. Otros caracteres, como el psiquiatra, están demasiado cerca de la caricatura. El autor de Richmond (Virginia) acierta con su minuciosidad describiendo determinados ambientes -la fiesta en el yate- y con la innovación de separar los pensamientos de los personajes mediante un extraño signo de puntuación [::::::]. Pero su tendencia a introducir onomatopeyas raya, en esta ocasión, la autoparodia. Llega a molestar en determinados capítulos.

Con todo, Wolfe está en buena forma. Mantiene el colmillo afilado. Y eso, a una edad -83 años- en la que lo normal es depender de una dentadura postiza, ya es mucho decir.

BLOODY MIAMI (Back to blood)

Tom Wolfe

Anagrama. Barcelona, 2013 (publicado originalmente en EEUU en 2012) 624 páginas. PVP: 24’90 euros (papel), 16’99 (e-book).

El placer de la lectura

Javier Cercas se parece un poco a Tom Wolfe. Al menos en un par de cosas importantes. Ambos son periodistas. Y ambos viven presos del éxito de una obra inicial. Aunque Soldados de Salamina (2001) no era, en sentido estricto, su primera novela, sí supuso una irrupción en la escena literaria de las que hacen época. Desde entonces, el extremeño recriado en Gerona no ha vuelto a paladear un suceso similar en la narrativa, porque el excelente Anatomía de un instante (2009) era un ensayo, por más literatura que le quisiera echar.

¿Puede un chaval de clase media acabar convertido en un quinqui? El primer tercio de Las leyes de la frontera nos demuestra que sí. La peripecia -improbable- resulta creíble y cercana en un relato vibrante, que nos traslada al verano de 1978 en la capital de provincia catalana en la que pasó su adolescencia el propio Cercas. Allí, un muchacho apocado que sale de un traumático curso escolar acaba enredado con “El Zarco” y “la Tere”, dos delincuentes juveniles de esos que causaron furor en la España de la época. Sirviéndose de un “flash-back” con forma de entrevista, el autor consigue que aquí la novela fluya deprisa, deprisa. Este primer tercio -titulado Más Allá– es una mini novela redonda. El testimonio del chaval, conocido como el “Gafitas”, se alterna con el del inspector de policía que detuvo al Zarco, aunque esta segunda entrevista tenga mucho menos peso. En realidad, sólo busca desengrasar el relato con otro punto de vista -que casi siempre no coincide- sobre los mismos hechos. Una fórmula original que no chirría. El paralelismo permanente con una serie japonesa, La frontera azul, que entonces emitía con gran éxito entre los jóvenes TVE, es un guiño nostálgico acertadísimo y, suponemos, muy eficaz para el público de esa generación.

Lo malo viene después. Cercas da un salto en el tiempo que acaba siendo un salto mortal. Los tres personajes se reencuentran a finales de los años 90. Zarco, un trasunto de aquellos quinquis pero sobre todo de “El Vaquilla”, ha pasado más de media vida en la cárcel. El “Gafitas” hace tiempo que sólo es Ignacio Cañas, un prestigioso abogado. Sí, quedaban tramas pendientes entre los tres, y durante más de media novela iremos viendo cómo se resuelven. Pero qué bajón narrativo siente el lector cuando pasa de los atracos a bancos a las largas conversaciones en locutorios carcelarios. La historia pierde gas. Y lo que iba a ser una obra maestra se queda “simplemente” en el notable. Con todo, es el mayor exponente literario de la llamativa revisitación de la que, en los últimos años, ha sido objeto el “fenómeno quinqui”.

LAS LEYES DE LA FRONTERA

Javier Cercas.

Mondadori. Barcelona, 2012. 384 páginas. PVP: 21’90 euros (tapa dura), 9’95 euros (bolsillo) 6’99 euros (e-book).

Biblioteca Negra

¿Se acuerdan de Harper, investigador privado? El personaje que allí interpretó Paul Newman se llamaba en realidad Lew Archer. (El actor exigió el cambio de nombre porque pensaba que los apellidos con “h” le daban suerte en el cine). Aunque sólo volvió una vez más a la gran pantalla, lo cierto es que este detective privado surgido de la mente de Ross McDonald tiene una larguísima serie de novelas en su haber. No sé como de representativa es, entre todas ellas, El caso Galton. El motivo es sencillo: es la única que he leído. Pero sí sé otra cosa: será una lectura de lo más recomendable para los aficionados a la novela negra.

El género se nos presenta aquí en una vertiente totalmente californiana. Mucho sol para ser tomado en las piscinas de las más exuberantes mansiones. Sí, parece que Conrad L. Hall acertó de pleno con la fotografía de la primera película. Aún con una traducción, digamos, pobre la novela se disfruta de principio a fin, lapso por cierto no demasiado largo porque se lee de un tirón.

A ver si alguien se anima a reeditar la saga Archer en condiciones en España. (Por lo que veo, RBA tiene algunos publicados en fecha reciente…)

EL CASO GALTON (The Galton Case)

Ross MacDonald

Bruguera. Barcelona, 1978 (publicado originalmente en EEUU en 1959) 224 páginas. PVP: (descatalogado)

EDAF

La novela negra española contemporánea le debe mucho a Lorenzo Silva. No sólo por sus obras literarias. (Algún día, valoraremos en su justa medida la saga de Bevilacqua y Chamorro). También, por acciones como el premio de novela negra Ciudad de Getafe. Del último palmarés de este certamen sale la presente novela, un thriller de ambientación canaria que deja materialmente pegado a la butaca al lector.

Éste es sometido a un juego perverso: seguir el relato en primera persona de Adrián, uno de esos protagonistas que tardan en irse del recuerdo. Ha pasado más de veinte años en la cárcel por un delito que no cometió. Es un tipo que ha superado sus adicciones y parece centrado en retomar una plácida cotidianeidad en su nueva vida libre. Sólo que ésta se ve alterada de vez en cuando por  la búsqueda de los verdaderos culpables del asesinato que se le imputó; en realidad, de desenmascarar toda la conspiración que acabó con sus huesos en la celda. Con ninguno de ellos tendrá misericordia: les quiere a todos muertos.

Sí, Alexis Ravelo carga las tintas en más de un pasaje. La lectura de algunos de los fragmentos más sórdidos puede atragantarse. Y uno nunca sabe si empatizar con Adrián o despreciarle. Pero La última tumba no dura un asalto. Sus 252 páginas se leen de una sentada. Al día siguiente de concluir la lectura, leo que Ravelo ha ganado otro premio de novela negra por otra novela, La estrategia del pequinés. No necesitaba esa “percha” para acabar la presente reseña pidiéndoles que, por favor, no pierdan la pista de este autor.

LA ÚLTIMA TUMBA

Alexis Ravelo

EDAF. Madrid, 2013. 252 páginas. PVP: 18 euros (papel), 9’49 euros (e-book).

La tormenta en un vaso

John Irving quiere hacer un canto a la libertad sexual. Nada que objetar. El problema surge cuando tan noble propósito se inserta en una novela de entorno, cuando menos, improbable. Bill, el protagonista, es bisexual. En la pre-adolescencia se muestra turbado por la atracción, simultánea, por el marido de su madre y por la bibliotecaria de su barrio. Ésta última es transexual. Los problemas de género le vienen a Bill de familia. Su padre biológico, al que ni recuerda, es un travesti. Su abuelo materno, a su manera, también. Incluso el chico por el que luego bebe los vientos en el colegio privado. Y todo en el Vermont de los años 50 y 60 del pasado siglo. (La vida de Bill nos irá llevando poco a poco, a lo largo de las siguientes décadas, para acabar en 2011).

Lo que -y no siempre- Pedro Almodóvar consigue hacer creíble en sus películas se le va de las manos a Irving. No es posible concebir un universo tan reducido de personajes en el que el transformismo sea práctica tan habitual.

Con todo, hasta cuando no da con la tecla, Irving es un literato de primera magnitud. La parte de la novela en la que se narran los estragos del SIDA en la comunidad homosexual estadounidense tiene mucha fuerza, y ofrece pasajes de genuina emoción. El capítulo postrero que se desarrolla en Madrid tiene gracia para el lector de esa ciudad (el protagonista se aloja en el Santo Mauro). Pero no es suficiente para que la visión global de Personas como yo sea realmente destacable.

PERSONAS COMO YO (In one person)

John Irving.

Tusquets. Madrid, 2013 (publicado originalmente en EEUU en 2012) 472 páginas. PVP: 22’50 euros (tapa dura), 9’95 (bolsillo), 8’99 (e-book).

transicion.org

Transparencia. ¿Cuántas veces hemos oído invocar ese concepto en los últimos años? EEUU gusta mucho de ser criticado en España. Pero no es la transparencia un terreno en el que tengan mucho de qué avergonzarse. Al contrario: son un ejemplo. De todo queda constancia escrita -¡hasta de lo que dice el presidente en del Despacho Oval!- y, pasados unos años, se desclasifica y es accesible para su consulta. Claro que alguien tiene que tomarse la molestia de leérselo todo y construir, a partir de ahí, un relato. Por fortuna para todos, Charles T. Powell ha hecho ese esfuerzo. El “leit-motiv” de su investigación es apasionante: las relaciones bilaterales entre EEUU y España desde el tardofranquismo hasta el final de la década de 1980.

1973. El secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, se entrevista en Madrid con el presidente del Gobierno español, Luis Carrero Blanco. Alerta Digital

Quién conozca un poco a Powell sabe que es un valor seguro como divulgador. Por un lado, acumula minuciosamente la información hasta alcanzar grandes dosis de erudición. Es un experto en la Transición española. Por otro, tanto su lenguaje oral como el escrito presenta los hechos con una amenidad al alcance de muy pocos. Quizá por sus orígenes -padre inglés, madre española- tiene siempre un punto irónico prodigiosamente equilibrado. Enriquece el discurso sin estomagar. No quiere, en otras palabras, “hacerse el gracioso”.

25 de junio de 1980. El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, recibe en La Moncloa al presidente de los EEUU, Jimmy Carter.

Como libro de entresijos, El amigo americano es insuperable. Es imposible no relamerse imaginando una entrevista entre Henry Kissinger y Carrero Blanco, la víspera del asesinato de éste último, en la que el jefe de gobierno español suelta un “¡pues estamos aviados!”. O los esfuerzos de Gerald Ford por dar conversación a Franco durante un paseo por Madrid en coche descubierto. El ritmo que adquiere el ensayo en esos pasajes se ralentiza cuando se desgranan, con enorme minuciosidad, los entresijos de los distintos acuerdos firmados en esos años por ambos países. Sin duda se trata de información imprescindible para historiadores que se acerquen a la obra. Pero el lector más mundano puede perderse en más de un momento.

El presidente de los EEUU, Ronald Reagan, y el presidente del Gobierno, Felipe González, en el palacio de El Pardo (Madrid), en 1985 El Periódico de Catalunya

Con todo, cualquier aficionado a la Historia contemporánea, y seguidor de la trayectoria de tan apasionantes naciones, no puede pasar por alto este libro. Es un ensayo ameno y riguroso. Es un cliché muy repetido. Pero hay una diferencia: esta vez, es cierto.

EL AMIGO AMERICANO. ESPAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS: DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA

Charles T. Powell

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2011. 682 páginas. PVP: 24 euros.

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