Hablando en colores

infoshakers_yoana_17MAR14 (1)Una compañera diseñadora me contó en una ocasión que lloró más el día que le explicaron que los colores no existían, que cuando le dijeron que los reyes eran los padres. Y es que en realidad no son una propiedad física, los colores, quiero decir. Ni el cielo es azul, ni las rosas son rojas. Como bien es sabido, el color es una sensación, una interpretación del cerebro ante el reflejo de la luz sobre los objetos. Pobre niña, la imagino mirando a su alrededor pensando que nada de lo que veía era cierto.

Los colores, que son la primera percepción que tenemos de cualquier objeto, no existen en realidad. Y sin embargo están presentes en todos los aspectos de nuestras vidas. Los incorporamos al lenguaje como recurso para explicarnos mejor incluso en expresiones que son imposibles de pintar con color, como por ejemplo, la ira. “Estoy rojo de ira”. ¿Acaso la ira tiene color? Bueno, si lo tuviera, seguro que todos la pintaríamos de rojo. Y qué tal el negro. Cuántas veces no lo habremos visto “todo negro”, cuando una situación pinta complicada o cuando “nos cae la negra”. El negro, esta claro, suele ser más negativo, igual que el marrón. Que me lo digan a mi, que me “ha caído hoy un marrón encima”… El blanco, sin embargo, lo usamos para cosas más positivas como “dar en el blanco”. Aunque no siempre, pues “quedarse sin blanca” no puede ser nada bueno. Así mismo el verde transmitirá inexperiencia o crítica, cuando es empleado como expresión, “estar verde de envidia” o “ poner verde a una persona”. El azul en cambio es majestuoso, aristocrático, como “el príncipe azul” y el rosa… qué decir más allá de “La Vie en Rose”. Que ponerse unas gafas con cristal rosa debe dar una perspectiva bastante positiva de la vida.

Pero no sólo los utilizamos para expresarnos lingüísticamente, los colores tienen una gran carga psicológica, tanto así que puede influirnos sin darnos cuenta hasta en los efectos que debería producirnos un medicamento. Según un estudio realizado por la Universidad de Bombai, el color de las medicinas condiciona totalmente a los pacientes. Parece que instintivamente identificamos las pastillas rosas o rojas con un sabor dulce y las amarillas con salado. Cuando nos encontramos con algún antibiótico azul o blanco, entonces esperamos que sepa amargo.

Colores

Y acercándonos un poco más a la persona, empezaremos a entender que los colores pueden influirnos, y de hecho influyen, hasta en la imagen que proyectamos, en el éxito que tenemos o en el estado de ánimo que padecemos. La pregunta más estúpida que puede hacer un periodista en una entrevista es “cuál es su color favorito” y sin embargo la respuesta del entrevistado daría mucha información. Una persona que vista de negro, probablemente es alguien con poder, elegancia, misterio, autoritario, introspectivo… (¿por qué me viene a la mente la imagen de un ejecutivo?). Si su color favorito es el negro quizá sea una persona distante. Y al contrario, si le encanta el blanco, será alguien bondadoso, inocente, puro. El blanco es la suma de todos los colores, es la luz en sí misma. ¿Y qué puede ser la luz sino claridad, transparencia?. Teniendo en cuenta todo esto, así mismo puede ser utilizado conscientemente para transmitir determinadas ideas. ¿Acaso no os viene a la memoria la imagen de algún político vestido de azul, con corbata azul, sobre una mesa blanca y azul? La política bien estudia estos efectos y si escogen el azul, por algo será. Es el color de la confianza, de la lealtad, de la sabiduría y la verdad, de la tranquilidad. Por eso hay que tener en cuenta que no siempre lo que vemos es el color propio de la persona, sino el adquirido para mostrar una idea diferente a lo que es en realidad.

¿De qué color pintaste las paredes de tu cuarto?, ¿qué sombra de ojos es tu favorita?, ¿por qué cereales te decantas en el supermercado?, ¿hay algún color dominante en el armario de tu ropa? Todo lo que elijas influye. Pintamos con colores nuestras vidas, según nuestra personalidad, según lo que nos transmite y lo que queremos transmitir. Las energías también hablan en colores. Según el Feng Shui el violeta es el Yin, la energía pasiva, la tranquilidad, y el rojo es el Yang, la parte activa. Si mezclas el rojo con el dorado obtendrás la energía máxima de prosperidad para el éxito.

Así que cuando vayas a pintar tu salón o a comprar el traje para la boda de tu prima, piénsatelo dos veces: “¿qué estoy diciendo de mi mismo y qué quiero transmitir?”.

La cosa está complicada para elegir porque el ojo humano es capaz de distinguir millones de colores. Y la mujer más aún que el hombre, el cual distingue mejor el movimiento que el color. Ya sabéis, por aquello que decidió alguien en la prehistoria de “cazadores” y “recolectoras”. Ellos ven mejor al jabalí correr y ellas distinguen mejor la Amanita Muscaria. En fin, gracias a los 3 conos receptores de luz, verde, rojo y azul, somos capaces de ver el arcoíris con sus 7 colores y millones de tonalidades intermedias. Pero imagínate una animal con 16 conos receptores. Es que no somos capaces de comprender la explosión de color que podría ser eso. Pues toma nota para investigar. La Mantis Marina es ese animal. Nosotros tendremos que conformarnos con el arcoíris. Mira, justo hoy llueve y hace sol. Salgamos a ver cómo nos engaña el cerebro con estos preciosos colores y demos gracias porque si no… no imagino cómo podríamos pintar nuestras vidas ni rellenar nuestros lienzos.

¿Quieres saber más sobre Yoana Novoainfoshakers_yoana_17MAR14 (1)

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