El miedo a las ideas, símbolo de debilidad

IdoILUok

No hay nada peor que el miedo. Sentir miedo es libre y legítimo, lo que no lo es, es iniciar una campaña política para desprestigiar al “creador” de ese miedo. Hablo de Pablo Iglesias y el revuelo que ha supuesto su entrada en política.

Hay que reconocer que el líder de Podemos es un perfecto orador, pero ¿es para tanto como lo ven los populares? ¿A qué tienen tanto miedo? Pablo Iglesias domina el lenguaje y sabe dónde dar. Sus primeros pasos han sido atacar a las “castas” -concepto ahora muy de moda- y ahí, ahí sí que hizo daño. Iglesias prosiguió con el uso de documentos nada banales como la Constitución para abordar los temas más importantes de la actualidad. El derecho a una vivienda, a la educación, a la sanidad… Los míticos políticos de este siglo XXI se iban poniendo nerviosos, muy nerviosos. Sangre nueva. El discurso estaba servido en bandeja con tantos escándalos de corrupción, tráfico de influencias, –de un lado y de otro de nuestro sistema político–, la verdadera situación de la ciudadanía, etc.

El representante de más de 1,2 millones de votos, en las últimas elecciones europeas, se abría paso con discursos muy populares.-se dirigían directamente al ciudadano-, según unos. Demagogia, según otros, que hace bailar las palabras y los conceptos como en un perfecto vals. Se puede estar de acuerdo o no, puede ser una ideología muy “bananera” como lo califican algunos, pero dónde está miedo en las palabras, en las ideologías en esta era.

El acoso de todos aquellos atemorizados por un discurso diferente, por unas ideas diferentes es signo de debilidad. Y hay que ser de hierro para aguantarlo. Que Iglesias es el enlace en Madrid de Herrira tendrá que decidirlo un juez. Las grabaciones que se le imputan son disertando sobre los Derechos Humanos -los mismos de la Doctrina Parot-. Otra cosa es que Pablo Iglesias apoyase a ETA -ya lo ha negado- porque ahí y sólo ahí, todos sus discursos y todas sus lecciones de ideología se irían al traste porque antes del derecho a la vivienda o a la educación, está el derecho a vivir en libertad. Otros siguen utilizando a las víctimas del terrorismo como armas arrojadizas que penden de hacia dónde les sople el viento a favor.

Pseudónimo.

Pseudónimo.

Da miedo, mucho miedo ver cómo los políticos y periodistas se abalanzan con tristes y manidos discursos sobre lo “malo” que es Iglesias y sus secuaces. Hasta hemos visto cómo intentan “malmeter” entre Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias. Eso es mezquino, aunque sea verdad. También se ha puesto en el ojo del huracán al líder de Podemos por creer y proclamar que está a favor del sistema político actual de Venezuela, cada uno que aguante su vela. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que está claro es que siendo un partido con ideales muy distantes del centro o de la derecha… en qué esperan que crea. A ver esos argumentos.

El miedo es libre, como es libre la repugnancia que se siente al ver a los políticos espetar barbaridades porque sus oídos han dejado de escuchar el mensaje y al ciudadano, porque su acomodada inteligencia no está ya para nuevas estrategias, ni conceptos. Por eso, y sólo por eso, Pablo Iglesias se ha convertido, como La Pasionaria para algunos, como lo era ella para algunos de nuestros abuelos en: “el diablo con patas que viene a quemar nuestras iglesias y a robarnos nuestras cosas”. Es el revolucionario que con discursos populistas, con conceptos que entiende el pueblo, busca la solución -acertada o no- hipnotizando al oyente con respuestas a sus problemas reales. Lo que habría que hacer es analizar detenidamente el mensaje y reflexionar.

La ideología se derriba con ideología y se fragua en la gente. No con campañas de descrédito por parte de periodistas y políticos que ven cómo sus privilegios se desmoronan por argumentos que se han adaptado para darle al pueblo lo que necesita: la razón.

Porque lo que nadie me puede debatir es que esta situación social, política y económica no se puede mantener como está y necesita soluciones. Confucio dijo que “gobernar significa rectificar” -lo vemos a menudo en Montoro-.

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