La misericordia de las elecciones

IdoILUokPocos, en un día electoral se quieren quedar fuera. La mayoría acuden a votar sin ni siquiera saber un punto del programa electoral del partido al que ha “regalado” su voz. Prefieren ir a tomar el vermut después de ejercer su derecho, que queda muy bien.

Aquí, se vota por las preferencias, no por las ideas. Incluso se vota por castigo. Se mete en el sobre el nombre de la persona que lidera el partido, esa representación que nunca está acorde con lo que después se muestra. Así nos va. Ni siquiera votamos al cabeza de lista. Así nos va.

En España se vota por tradición y por percepciones, que no se equivoquen los políticos que no es por sus grandes proyectos. Éstos ponen mucho empeño en ir a contar sus programas electorales por todo el país, pero luego acaban hablando de la actualidad política y de lo mal que lo hace el otro.

De este modo, la poca representación de los ciudadanos que acuden a sus mítines –sus afiliados- y los escasos minutos que “pinchan” en los telediarios no exponen ni ápice de lo que llevarán sus programas. El español no vota por conocimiento porque –a pesar de las tecnologías- no pierde ni un minuto en leer el entramado de palabras enrevesadas y vacías que son sus programas online.

La misericordia de las elecciones

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En el pasado, los movimientos políticos y sociales, al igual que las ideologías, se fraguaban primero, se estudiaban, analizaban y se lanzaban esas premisas al viento. Después se pasaba a simbolizar esas ideas en un “personaje” con miles de adjetivos positivos y después se convertía en un mito –o villano- para el ciudadano. Todas las corrientes de pensamiento han tenido un representante, como en la literatura. Se partía de unas ideas y de unos “mandamientos”. Hoy se pone al político de turno ante la opinión pública y se valoran las reacciones. Si funciona “palante” si no… al matadero –que pocas veces lo se ha visto-. Y mucho después, se insinúan las “remodelaciones” en las hojas de ruta de los partidos. Que casi nunca se cumplen. Véase el famoso “no subiremos el IVA” de Mariano Rajoy.

Y así, llegamos a la propia misericordia del votante que mantiene la esperanza en que las cosas cambien a mejor o simplemente cambien, en regalar su voz y voto porque “no nos queda otra”. El engaño de la retórica política y el desinterés del ciudadano por saber qué y por qué vota hacen que los únicos que ganen sean los políticos, aunque pierdan en las elecciones como ocurrió la última vez con Alfredo Pérez Rubalcaba que ahí sigue.

Ante las altas expectativas de abstención -que señalan las encuestas- no sucederá nada, porque se vota en Europa, o eso pensarán nuestros representantes. Quizá los únicos perjudicados en este próximo domingo sean los bares que no servirán el protocolario vermut de las elecciones. Bueno, el sábado se juega la final de la Champions y la ciudadanía seguirá caminando alegremente por las calles, como afirma Soraya Sáenz de Santamaría. Y lo hacemos desde hace meses…

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