El satélite español del Maidán ucraniano

WINNIESILU

Con Ucrania, un grupo de jóvenes ucranianos residentes en España que ha iniciado su particular batalla como informadores de lo que está pasando en su país de origen. Hartos de lo que la prensa cuenta sobre la delicada situación de Ucrania, recuerdan que Maidán surgió como un movimiento social donde había en juego algo más que intereses políticos.

“Somos un grupo de voluntarios y activistas. No pertenecemos a ningún partido político ni tenemos ánimo de lucro. Luchamos en contra de la injusticia, la manipulación propagandística y la mentira”, explica la web conucrania.com, que toma su nombre de un grupo de 30 personas que tiene como nexo de unión su amor por Ucrania: Lilia Mykolayiv es una abogada de 27 años, definida por sus compañeros como “el alma del grupo”. Mikhail Yefimenko es un estudiante de ingeniería de 18 años, Iryna Shandra, de 28, estudia arquitectura y Kateryna Palanska tiene 22 años y estudia Ciencias Políticas. Todos hablan un español muy fluido y comparten su condición de inmigrantes, hijos de padres que tuvieron que salir del país por la mala situación económica.

El grupo Con Ucrania nació con la idea “de mantener las tradiciones ucranianas”, explica Lilia. Cuando comenzaron las protestas en Maidán –Plaza de la Independencia de Kiev–, “empezamos a contactar con otras organizaciones ucranianas que había en España”, sigue la abogada, pero pronto se encontraron con un problema: las manifestaciones las promovían organizaciones de carácter político. “Nosotros les decíamos que queríamos organizar una manifestación sin banderas y no había manera”, explica Lilia. “El Maidán, el que primeramente se formó, era apolítico, era un movimiento social”, recuerda la abogada. Así que comenzaron a organizar conferencias, flashmob y manifestaciones por su cuenta, pero pronto se dieron cuenta de que estas propuestas eran insuficientes para cumplir el que se desveló como su gran objetivo: compartir su visión de lo que está pasando en Ucrania. Y es que temas como la presencia de pronazis en Maidán y el protagonismo que les da la prensa les traen de cabeza. “Algunos nos llaman extremistas, fachas o lo que sea, pero la verdad es que no nos conocen. Por eso nos gusta que se dirijan a nosotros, para que nos conozcan, para que vean lo que estamos haciendo y para que no generalicen en base a unas imágenes que han visto por la tele”, explica preocupada Lilia. “No es que no haya habido nazis ni ultranacionalistas en Maidán, el problema está en que lo han aumentado de una manera que no es”, añade Kateryna. Al contrario, Maidán se creó con una base de “más de 40 organizaciones con muy diferentes formas de pensar”, recuerda Iryna. Además, “la intención inicial de Maidán era pacífica”, añade Kateryna. Sin embargo, hasta Wikipedia se apunta al carro de la visión radical y define Euromaidán como “una serie de manifestaciones y disturbios heterogéneos de índole europeísta, nacionalista y ultraderechista”, cosa que no sabían y que cuando les comenté y comprobaron por ellos mismos les sumió en una mezcla de estupor y rabia.    

Una de las protestas organizadas por Con Ucrania en Madrid. Con Ucrania

Una de las protestas organizadas por Con Ucrania en Madrid. Con Ucrania

El tema de los pronazis les desespera. Iryna habla de “sensacionalismo”, reflejando el desencanto de los cuatro. De este desengaño nació la actual razón de ser del grupo. “Decidimos que somos capaces de escribir artículos por nuestra cuenta y no tenemos ningún problema en traducir otros que estén en distintos idiomas”, dice Iryna. Esta página recoge la heterogeneidad de sus miembros, “entre nosotros hay gente que se posiciona, pero como organización acordamos que no vamos a hacerlo y eso se ve en los artículos que publicamos, donde ves claramente que alguien tiene una posición u otra”, explica Kateryna. “Intentamos ser independientes, ponerlo todo un poco más crítico”, añade Lilia. “Nosotros somos una plataforma e invitamos a quien quiera a escribir. Siempre que no diga mentiras, aceptamos a todo el mundo”, completa Iryna. “Lo bueno de Con Ucrania es que cada uno es diferente, pero nos hemos unidos por una idea común: la unidad de Ucrania”, sigue Kateryna. Además, “tenemos al mismo enemigo: la propaganda rusa, que se enfoca contra todo lo ucraniano y aún así cala muchísimo en el país”, apunta Iryna. Una propaganda que consigue, por ejemplo, que en muchas zonas de Ucrania hablar ucraniano en vez de ruso sea considerado de “paletos”, explica la estudiante de arquitectura. Otro punto en común de estos jóvenes ucranianos es su apoyo a Maidán, con quienes tienen contacto casi diario y a quienes envían dinero y productos como ropa.

Volviendo a esos “enemigos” de los que hablaba Iryna, Mikhail trae a colación “la corrupción”. Las protestas en Maidán comenzaron no sólo porque Ucrania no firmara el acuerdo de asociación con la Unión Europea, sino también por la corrupción. “¿Pero tú sabes lo que es la corrupción en Ucrania?”, me pregunta Iryna. En Ucrania “cuando vas a hacer un examen le pagas al profesor”, dice Lilia, “cuando vas a la farmacia a por medicamentos, le pagas un extra al farmacéutico”, añade Iryna. “En el hospital, nada más entrar, le pagas al doctor, a la enfermera, a todos los que te van a atender, porque si no, no te atenderán”, sigue Kateryna. “Estamos hablando siempre de un hospital público”, matiza Iryna. “Lo mismo sucede en los juzgados, si te quieres sacar el carné de conducir, cualquier cosa que quieras hacer”, prosigue Kateryna. “Parte del problema reside en que “los sueldos en Ucrania son muy bajos, no puedes vivir con lo que ganas, por eso necesitas que la gente te meta dinero por debajo”, prosigue. “Para nosotros se ha convertido en algo cultural, es algo que haces sí o sí, automáticamente”, añade Mikhail. Aún así, en opinión de Lilia, “la gente, sobre todo los jóvenes, ya está harta de este sistema”, de ahí las protestas. Unas protestas que desembocaron en el llamado golpe de Estado, otro tema que pone de acuerdo a los cuatro miembros de Con Ucrania, que defienden que “en Ucrania no ha habido un golpe, el Parlamento que estaba antes del cambio de presidente es el mismo”, comenta Lilia impotente. “En el Gobierno siguen participando los mismos partidos que fueron elegidos en el 2010”, completa Kateryna.

Con Ucrania lo que quiere es “prosperidad para Ucrania y alguna oportunidad para el país”, dice Iryna. Los cuatro comparten que el camino a esta prosperidad no pasa por Rusia, “cualquier alianza con ellos es destruir Ucrania”, añade la estudiante de arquitectura. Kateryna, por su parte, va más allá: “Yo no estoy a favor de Rusia, pero tampoco de Estados Unidos. No quiero que intervengan en Ucrania y decidan por nosotros, ya tenemos bastantes problemas internos como para estar resolviendo problemas geopolíticos a nivel mundial”. A pesar de lo cual, Kateryna entiende que “dependemos del exterior. Y lo peor es que cada lado te indica que tienes que elegir a uno y que no puedes elegir una neutralidad, que es lo que debería tener Ucrania”. Iryna, en cambio, pide que las potencias extranjeras “ayuden más” y defiende que Estados Unidos “está haciendo más que ningún otro país”, ante lo que Kateryna pregunta “a coste de qué, todos sabemos cómo hacen sus servicios de paz los norteamericanos y nadie tiene ganas de eso”, aunque también reconoce que cuando ve la situación actual del país “piensas en que si no entra la Unión Europea o Estados Unidos, no me puedo imaginar a qué vamos a llegar”.

Esta conversación se produce en la más absoluta tranquilidad, los miembros del grupo exponen sus ideas y debaten, aún cuando no comparten sus posiciones. Ante lo que se vuelven a mostrar unánimes es en el tema de la guerra. Ninguno quiere un conflicto bélico. Para Lilia su “peor pesadilla sería que esto se convirtiera en una guerra entre Unidos y Rusia en el territorio ucraniano”. Su miedo es tal que “lo primero que hacemos al despertar es mirar Twitter, para ver si hay guerra o si ha muerto más gente”, cuenta Kateryna. No extraña que cuando les pregunto cómo se sienten viviendo todo esto en la distancia la respuesta parezca ensayada por su precisión a coro: “mal”. Por eso “estamos en esta mesa hoy y haciendo todo lo que podemos cada día”, explica Iryna.

También muestran un parecer común ante las elecciones presidenciales anticipadas del 25 de mayo. “Honestamente no esperamos que cambie el sistema”, dice Lilia, aunque yo “espero que tras las elecciones, con un nuevo presidente salido de las urnas, Rusia nos deje en paz –lo que incluye que se aleje de Crimea y del resto de regiones de la zona Este–. Lo importante es estabilizar la situación gubernamental”. Kateryna espera a las elecciones parlamentarias, “éstas me dan igual, es todo simbólico, el Parlamento seguirá igual”. Haciendo honor al carácter variopinto del grupo, el compromiso político que se respira entre ellos es también de lo más diverso, desde Iryna, que “jamás” ha votado en unas elecciones, hasta Lilia, que vota “siempre” y trabaja como voluntaria en las mesas electorales.

Una heterogeneidad presidida por un entusiasmo que a veces roza la inocencia y un deseo de ser escuchados, así como por una esperanza puesta en que algo está cambiando en la sociedad ucraniana que puede ser la llave para mejorar el país desde dentro.

De izquierda a derecha, Kateryna, Iryna, Lilia y Mikhail.

De izquierda a derecha, Kateryna, Iryna, Lilia y Mikhail.

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2 pensamientos en “El satélite español del Maidán ucraniano

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