Ciudades melancólicas

GonzaloILU

Soy periodista deportivo, aunque aquí no ejerzo, quede para eso Jesús Cabrejas, que lo hace bien y bonito. No quita para que, por dedicación principal, los temas vengan muchas veces aparejados a una vivencia concreta que tiene que ver con un balón. Esta semana ha colmado todas las expectativas futbolísticas de un madrileño, pero lo de Madrid vendrá en otro momento, es otra obsesión. Los caminos esta semana llevaban a Lisboa, que será el escenario de la final de la Liga de Campeones. Todos los partidos de esta Champions llevaban esa inscripción, Camino a Lisboa, y ahí nos dirigimos, aunque no sea presencialmente.

Lisboa

Lisboa, bañada en sol.

En España tenemos la costumbre de dar la espalda a Portugal, como si fuese el hermano pobre, pero antes o después terminamos cayendo. En la última visita no pasé por Lisboa sino por el sur, degradado, un poco perdido, con unos impuestos abusivos consecuencia de las políticas de rescate que ayudan con las manos apretando el cuello. Pero esa también es otra historia.

Nos situamos en un café debajo del elevador de Santa Justa, un ascensor neogótico de principios del siglo pasado que conecta dos barrios carismáticos de la ciudad. Arriba el Chiado, debajo la parte antigua donde reinan las plazas del Rossio y el Comerçio. Tomamos un café sin más objetivo que pasar el rato, conversar, quizá esperar a alguien. Un buen amigo, Luigi, y yo diseccionamos la ciudad. Lo primero que salta a la vista es una capa superficial de tristeza, como si el ritmo no pudiese tener otra cadencia que la del fado, la música tradicional.

Pero no hace falta más que rascar un poco para darse cuenta de que la vista engaña. Sí, es cierto, la suciedad parece bien establecida en todos los edificios, no hay muchas cosas emblemáticas que ver. Todo parece callado. Pero nunca fue eso lo importante, lo que cuenta es caminar, dar una vuelta, empaparse de una ciudad que ofrece más de lo que se piensa. Andar hasta el estuario, ver el puente del 25 de abril, la Torre de Belem. Vivir de noche también, porque Lisboa no duerme. Canta en inglés, como si el pop local no hubiese nacido aún. Porque eso también es Portugal, algo muy inglés. Y se va a los barrios altos, se toma un poco de bacalao mientas se encadenan conversaciones y vivencias. Se da otra vez la vuelta a aquel Mundial, ese penalti fallado. El deporte siempre está ahí. En un viaje así dejar de hablar es un desperdicio. Se descubren cafeterías donde todo el mundo se conoce, incluso si vienes de fuera, como si todo fuese confortable y cercano aun siendo desconocido.

Se piensa siempre en volver, aunque es posible que no vuelva a estar entre los destinos barajados. No extrañaría, sin embargo, que termine saliendo de rebote, porque Portugal pasa por casualidad. Queda siempre en el recuerdo, aquel ascensor, aquellas plazas, los puentes, el barrio alto. Por muchos motivos, es una ciudad melancólica, pero si todas dejan ese buen regusto habrá que hacer un tour de ciudades melancólicas. Estamos en ello, si hay en otra de ellas una final de Champions, se contará.

¿Quieres saber más sobre Gonzalo?  GonzaloILU

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s