El primer día de la década Mourinho

ChusILU

Idolatrado y odiado a partes iguales. José Mourinho no deja a nadie indiferente. Su carácter y la intensidad que aplica a todos los ámbitos, le han convertido un imprescindible, sin el cual, el mundo del fútbol no sería igual. Pero para llegar hasta el día de hoy, todo tuvo que tener un comienzo. Su efervescente naturaleza quedó por primera vez patente en, quizá, uno de los partidos más importantes de su carrera. Aquel que le sirvió para medirse con a Alex Ferguson en el Teatro de los Sueños por primera vez. Y del que salió triunfante. Ese día comenzó a gestarse “The Special One”. Antes del mito hubo hombre. Aunque, a lo mejor, el mismo se ha encargado de hacérnoslo olvidar.

Su particular modo de entender el fútbol y la vida le han granjeado tantos seguidores como detractores. Lo que son innegables son sus éxitos curriculares. La victoria, ¿vale a cualquier precio? - Foto: London Evening Standard

Su particular modo de entender el fútbol y la vida le han granjeado tantos seguidores como detractores. Lo que son innegables son sus éxitos curriculares. La victoria, ¿vale a cualquier precio? London Evening Standard

Todo comenzó en  los octavos de final de la Liga de Campeones. Unos como los que acaban de echar a rodar. Pero en este caso en los de hace ya diez temporadas. Aquella ronda de la Champions dejó momentos históricos como la eliminación de la Juventus a manos del Deportivo de la Coruña. Grandes enfrentamientos como son siempre los que miden a Bayern de Múnich y Real Madrid. Y también goles que si no hubieran entrado, quizá, todo este tinglado, tal y como lo conocemos hoy en día, sería bien diferente.

Cuando el bombo emparejó para aquellos octavos de final de la temporada 2003/2004 a Oporto y Manchester United nadie podía imaginar la auténtica trascendencia que tendría su desenlace. En ese cruce nacería una figura que terminaría de emerger tan sólo unos meses después cuando sus dragões levantaran el trofeo de campeones de Europa. En el último minuto de aquella eliminatoria, José Mourinho recibió su bautismo como entrenador de fútbol en una de las catedrales de este deporte.

Las cosas en Oporto se estaban haciendo bien. En su primera temporada completa al mando, José Mourinho había recuperado el título de campeón de liga tras tres años de sequía. Además había sumado la Taça y la Copa de la UEFA al palmarés para cerrar un triplete antológico. De esta brillante manera se ganó el equipo portugués y su técnico el privilegio  de disputar aquella edición de la Liga de Campeones. Y compitieron en ella mejor que nadie.

Hacia el Teatro de los Sueños

En la liguilla, el Oporto quedó encuadrado en el grupo F junto a Real Madrid, Olympique de Marsella y Partizán de Belgrado. Tres victorias, dos empates y una única derrota cosechada ante el conjunto blanco en Do Dragão fue su saldo. Más que suficiente para adjudicarse la segunda posición y garantizarse estar en la siguiente fase del torneo. Allí esperaban los reds devils, el gran Manchester United. Y eso eran ya palabras mayores. Sobre todo para Mourinho.

Y es que enfrentarse a Sir Álex Ferguson, y vencerle, suponía para Mourinho retarse con un alumno aventajado de su propio maestro, Sir Bobby Robson. Un referente que con el United ya había hecho historia. La veneración que los dos entrenadores que siempre han profesado por el gentleman de ojos azules y sonrisa afable es indiscutible. Uno trabajando con él mano a mano durante sus últimos años de carrera. El otro, rindiendo merecida pleitesía a una de las instituciones del fútbol del país donde se inventó. El propio Fergie confesó el día de la muerte de Robson que “no podría situar a ninguna persona ni un milímetro por encima de él”.

Así llegó el enfrentamiento de ida. En el terreno de juego portugués Mourinho empezó tomando ventaja ante Ferguson. El United se había adelantado en el marcador por mediación de Quinton Fortune. Sin embargo dos tantos de Benni MacCarthy le dieron la vuelta a un marcador que contaba con un inesperado protagonismo sudafricano. El resultado sin duda era favorable para los lusos. Aunque un 2-1, como el que cosecharon, es ciertamente un caramelo envenenado en una eliminatoria a doble partido. Lejos de casa, un solitario gol del rival y se acabó la historia.

Excesivo, tanto en la victoria como en la derrota, Mourinho saltó de júbilo para celebrar el gol que certificaba el pase del Oporto a cuartos. Después echó a correr y no paró hasta medio hectómetro después para festejarlo con sus hombres.  Daily Mail

Excesivo, tanto en la victoria como en la derrota, Mourinho saltó de júbilo para celebrar el gol que certificaba el pase del Oporto a cuartos. Después echó a correr y no paró hasta medio hectómetro después para festejarlo con sus hombres. Daily Mail

Paul Scholes cumplió con los peores presagios y adelantó al Manchester United a la media hora de juego del partido de vuelta. Con ese resultado el Oporto quedaba apeado de la competición. Las cosas comenzaron a marchar mal para los locales. Aguantando un marcador que les convenía saltó al campo, a falta de quince minutos para el final, Cristiano Ronaldo. Tuvo que abandonarlo lesionado apenas ocho después. Y en esas los de Mourinho consiguieron forzar una falta a treinta metros de la portería rival en el último de juego.

Botada por McCarthy la colocación fue precisa. Pero su lanzamiento salió con menos fuerza de la debida. Tim Howard bien situado se confió. Y lo que parecía un balón atajado se convirtió en una sentencia de muerte. Las blandas manos del guardameta del United permitieron a Costinha recoger el rechace y hacer enmudecer al estadio con su gol. Old Trafford entero se quedó inerte contemplando como José Mourinho saltaba desde su banquillo para correr cincuenta metros para ir a abrazarse con sus jugadores. No dio tiempo a más.

El combate lo había ganado Mourinho. El camino que comenzó aquel día hasta el de hoy es de sobra conocido. Un trayecto que le ha permitido proclamarse campeón de Europa con dos equipos diferentes y que seguramente le deparé convertirse en el primer entrenador en hacerlo con tres. Una vereda por la que ha ido dejando amigos a lo largo. Salvo contadas y recientes excepciones prácticamente ningún jugador que ha estado a sus órdenes dicho nada malo de él. Y eso a pesar de la tensión máxima a la que somete a los suyos. Rayando lo tiránico, sus éxitos, y algún fracaso, han terminado de tornear el fútbol actual. Para bien o para mal su década ha sido más que intensa. Y nada de todo esto hubiera sido posible sin aquel gol de Costinha.

José Mourinho está de vuelta en Londres, donde se autoproclamó un ser especial. Y de nuevo feliz. Con su Chelsea es líder de la Premier League y en Champions se va a medir al Galatasaray en los octavos de final. Una ronda que a buen seguro le trae muy gratos recuerdos – Foto: Daily Mirror

José Mourinho está de vuelta en Londres, donde se autoproclamó un ser especial. Y de nuevo feliz. Con su Chelsea es líder de la Premier League y en Champions se va a medir al Galatasaray en los octavos de final. Una ronda que a buen seguro le trae muy gratos recuerdos. Daily Mirror

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