De parado a trabajador en el 2014

IdoILUokPor todos era ya sabido que entrar de nuevo en el mundo laboral iba a ser una odisea. Y lo es. Por todos era sabido que los sueldos habían descendido un 10%, desde la implantación de la reforma laboral, que lo ha hecho y cómo, pero, lo que no nos habían contado – ni cuentan- es la pésima situación social que se vive en las empresas. Aunque el Príncipe de Asturias proclame en los premios de su Principado  que “esa España desmoralizada de la que se nos habla no es la España verdadera”, la verdad es que sí lo es. Los trabajadores están desmotivados, no les importa un carajo lo que está bien ni lo que está mal. Los cargos superiores no respetan a sus inferiores, ni al contrario, y entre los “curris” no hay tolerancia, respeto ni siquiera existe educación. Lo del compañerismo lo abandonamos en Epi y Blas. El miedo a perder el trabajo se ha quedado en un mero suspiro, en un amago por trabajar. Pero el Paro es muy duro, no lo olviden.

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Todo eso no es lo que dejé atrás hace un año y medio. Alucino a diario en cualquier cafetería o en cualquier tienda. A los trabajadores les da absolutamente igual perder un cliente por no atenderle, por no servirle el café. Y ¿la culpa no es de los trabajadores? La culpa es de las circunstancias -muy típico, lo sé- que llevan a pensar que incluso estaría mejor en el paro. La desesperanza. No es una cosa personal. El tema de conversación en muchos círculos, es ese. Había oído desde la típica “por la mierda que me pagan…”, hasta el “… que lo haga él que para eso es jefe” y un largo etcétera. Eran casos esporádicos, pero hoy, hoy es la norma general. También he asistido a ver cómo se grita la gente, cómo se hacen perfectas luces de gas entre compañeros, cómo algunos “nadan muy bien en la mierda” -siempre con la cabeza fuera- para salvar su propio trasero, pero ¿esta situación? Esta situación es nueva, fuera de mi búnquer. Y cuál es la solución. La solución no esperen que llegue del cielo, ni de los despachos cerrados de los jefes. Mucho menos del Príncipe. La solución no sé cuál será, pero lo que no podemos permitir es que nos arruinen las ilusiones ni que ahoguen los proyectos. Ni siquiera que pensemos que ésa es la realidad, la normalidad, porque no lo es. He vivido épocas de mucho trabajo, incesante y agotador trabajo, pero jamás he visto las miradas que hoy veo. Ésas que en vez de reflejar cansancio e ilusión, reflejan la desesperanza y el “me da igual”.

Esto es sólo una pincelada de lo que hay ahí fuera. Así que los que logren salir de las listas del INEM que se preparen porque nada es lo que fue. ¡Bienvenidos a la jungla!

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