La herencia envenenada de Sir Alex

ChusILU

Cuando una historia toca a su fin siempre resulta difícil. El hombre es un animal de costumbres y el fútbol no es ajeno a ello. Cuando Sir Alex Ferguson decidió poner punto y final a su histórica etapa como entrenador del Manchester United, la habitual calma con la que se vivían los veranos en Old Trafford se tornó en expectación. David Moyes recogía el testigo del técnico más laureado de la historia del fútbol. El nuevo preparador llegó avalado por su predecesor y contaba con la misma plantilla con la que Fergie acababa de ganar la Premier League. Varios meses después los nuevos red devils no funcionan y evidencian que, no era oro todo lo que relucía. Por primera vez en mucho tiempo, reina la preocupación en la parte roja de Manchester.

Alex Ferguson el día de su despedida de Old Trafford, la que fue su casa durante algo más de un cuarto de siglo. El Teatro de los Sueños rindió pleitesía a quien más días de gloria  le ha proporcionado. Su figura incluso ha superado a la de mítico Matt Busby, el otro legendario técnico de la historia de los red devils. Manchester United

Alex Ferguson el día de su despedida de Old Trafford, la que fue su casa durante algo más de un cuarto de siglo. El Teatro de los Sueños rindió pleitesía a quien más días de gloria le ha proporcionado. Su figura incluso ha superado a la de mítico Matt Busby, el otro legendario técnico de la historia de los red devils. Manchester United

Durante veintiséis largos años Sir Alexander Chapman Ferguson fue dueño y señor del banquillo de Old Trafford. Bajo su mandato el Manchester United vivió la época más gloriosa de su historia. Este escocés nacido en los astilleros de Glasgow conquistó con sus red devils un total de treinta y ocho títulos dentro y fuera de Inglaterra para convertirse en historia viva del fútbol. Por eso su marcha sorprendió tanto. Toda una vida y de la noche a la mañana, el 8 de mayo de 2013, Fergie dijo que lo dejaba.

Muy pocos lo sabían. Aunque como él mismo dijo el día de su despedida era algo que llevaba meditando tiempo. “No era una decisión para tomarla a la ligera”, aseguró. Además añadió que para él había sido tenido gran importancia para tomarla el “dejar la institución en el estado más fuerte posible”. “Creo que lo he conseguido. La calidad de este equipo, que acaba de ganar la Liga, y el equilibrio de edades dentro de su plantilla es un buen augurio para continuar con éxitos al más alto nivel”, concluyó.

No parecían palabras vacías. Él ya lo había dicho. El equipo acababa de proclamarse campeón de la Premier League apenas un par de semanas antes. Lo había logrado además con unos números casi inmejorables. De los treces títulos ligueros que el Manchester United ganó con Alex Ferguson como entrenador, únicamente uno, el de la legendaria campaña del triplete, fue conseguido con mayor diferencia de puntos respecto al segundo. En aquella mítica ocasión fueron 18 de diferencia sobre el Arsenal. En este caso fueron 11 sobre el Manchester City.

Solvencia de campeón

Los números están ahí. Las matemáticas no engañan. Después de treinta y ocho jornadas el, a la postre consabido, último proyecto de Sir Alex a cargo del United cosechó cinco derrotas, cinco empates y veintiocho incontestables victorias en su casillero. Unos guarismos excelentes que, sin embargo, no disipaban ciertas dudas acerca de cómo se habían conseguido. Y eso que también fue brillante. Tras una pequeña pájara en las tres primeras jornadas, los red devils cogieron el liderato ya en la décima. Para la decimotercera lo recuperaría, tras haberlo cedido, para ya no soltarlo hasta el final. Desde aquel día además se sucedieron dieciocho victorias consecutivas. Los de Manchester fueron un auténtico martillo pilón.

A pesar de ello, la forma de obtener muchos de esos triunfos fue excesivamente costosa. Como cuando en el Madejski se llegó al descanso 3-4 ante el Reading. O como cuando se ganó el derbi de Manchester en el Etihad en la prolongación después de haberse dejado empatar dos goles. Y así, alguna que otra victoria más sobre la bocina. Sí que es cierto que el equipo fue a más a lo largo de la temporada pero fue, casi, por inercia. Con los goles de Robin van Persie y de Wayne Rooney, y poco más, les bastó para ganar la vigésima liga de la historia del club.

El cambio de manos al timón fue entonces, como siempre que las cosas funcionan, difícil de asimilar. En cierta manera muchos aficionados quedaban huérfanos con la salida de Ferguson. De hecho, muchos de ellos sólo habían conocido su United. Pero el mismo Sir Alex se encargó de que su sucesión intentara ser lo menos traumática posible. Él mismo confirmó que no abandonaba el barco. Sólo se echaba a un lado para convertirse en director y embajador del club. Y él mismo también fue el quien eligió a su sucesor. David Moyes, era su delfín. Y sí a Fergie le parecía el indicado, pues a misa.

Tan sólo un día después de la marcha de Ferguson, el Manchester United confirmó que su sucesor sería otro escocés, David Moyes. Detrás de sí Fergie dejaba veintiséis años como jefe del vestuario de los red devils. Únicamente cuatro entrenadores han estado más tiempo al mando de un único equipo: Guy Roux en el Auxerre, Willie Maley en el Celtic, Bill Struth en el Rangers y Ronnie McFall en el Portadown, a día de hoy, el único que sigue agrandando su hoja de servicio. Getty Images

Tan sólo un día después de la marcha de Ferguson, el Manchester United confirmó que su sucesor sería otro escocés, David Moyes. Detrás de sí Fergie dejaba veintiséis años como jefe del vestuario de los red devils. Únicamente cuatro entrenadores han estado más tiempo al mando de un único equipo: Guy Roux en el Auxerre, Willie Maley en el Celtic, Bill Struth en el Rangers y Ronnie McFall en el Portadown, a día de hoy, el único que sigue agrandando su hoja de servicio. Getty Images

Tras una década en Goodison Park, David Moyes se había granjeado el respeto de la Premier League. Cogió al Everton en uno de sus momentos más bajos y a base de trabajo logró situarlo, siempre, entre los diez primeros clasificados. Único conjunto no perteneciente al denominado top four que lo consiguió. Incluso hizo que el equipo alcanzara en dos ocasiones puestos para disputar Europa League. Y en otra más para la previa de la Champions. Incluso conquisto un subcampeonato de la F.A. Todo ello en un club en el que los medios no sobran. Acostumbrado a ver salir a sus mejores jugadores, como fue el caso de un jovencísimo y prometedor Wayne Rooney al que había hecho debutar con la camiseta toffe, el destino quiso premiarle. Ambos se reencontrarían en el Teatro de los Sueños diez años después.

La continuidad y la paciencia son, prácticamente, axiomas para el United. Eso ha quedado claro. Por lo tanto como era de esperar la transición fue lo más sosegada posible. Si el cambio en el banquillo podía ser un elemento desestabilizador, no quebrar el bloque debía ser una prioridad. De esta manera en el apartado de salidas no se produjeron anomalías. La única de relevancia fue la de Paul Scholes. El pelirrojo centrocampista había alargado durante las dos últimas campañas su meritoria hoja de servicios para el United, pero a sus casi cuarenta primaveras y tras una falsa retirada, decidió colgar definitivamente las botas.

En el capítulo de incorporaciones pasó tres cuartas partes de lo mismo. No hubo gran novedad al respecto más allá de la incorporación definitiva del prometedor Wilfried Zaha tras su fichaje en el anterior mercado de invierno. Y pare usted de contar. Así dio comienzo la pretemporada y la era de David Moyes a cargo del United. Los primeros resultados obtenidos en la gira asiática no ayudaron. Y la derrota en el primer partido en su nueva casa, tampoco. El Sevilla se encargó de amargarle su debut en Old Trafford.

Un título sembrado de dudas

Apenas tres días después de la derrota ante el conjunto hispalense, el triunfo en la Community Shield, ayudó a suavizar los ánimos. Sin embargo aquel partido ante el Wigan Athletic, que supuso para David Moyes estrenar su palmarés como técnico, evidenció el Manchester United que había heredado. Ante los latics la balanza se decantó gracias a dos chispazos de van Persie. Pero el juego no apareció por ninguna parte. El doble pivote que conformaban Michael Carrick y Tom Cleverley no construía el fútbol necesario para que la pólvora que los diablos rojos acumulaban arriba terminara de explotar como de ella hay que esperar.

Ante tal panorama, el paso de los días, la Premier ya habiendo arrancado y la proximidad del cierre del mercado hicieron que se tuviera que desempolvar la chequera para pagar los 35 millones de euros que costó el traspaso de Marouane Fellaini. El belga acababa de completar su mejor campaña como profesional bajo las órdenes de Moyes y la necesidad de incorporar un nombre importante hizo el resto. El mejor pelo del fútbol británico había terminado de explotar como enlace con la delantera donde su potencia había dado rienda suelta a su juego. Dos problemas asaltaron al nuevo técnico del United. En esa posición ya disponía del mejor en su puesto de toda la liga, Rooney. Y el problema de la creación seguía sin resolverse.

La solución a todos los males fue relativamente fácil de tomar. Fellaini retrasaría la posición en la que más había brillado para regresar al centro de la medular. En sus primeros años en el Everton, Moyes ya le había probado como pareja de Mikel Arteta. Y le había funcionado. Ahora con su jugador en plenitud debía seguir haciéndolo. Convencido de ello, el belga comenzó a entrar sus las alineaciones, pero entre su tardía llegada, el período de adaptación y alguna inoportuna lesión, ha quedado demostrado, la solución no pasaba por él.

Annus horribilis

Consecuentemente la liga está siendo esta temporada un auténtico desastre. Ni la alegre noticia de la irrupción de Adnan Januzaj ha podido evitar que cunda la intranquilidad entre la hinchada del United. En toda la era Premier, el equipo nunca antes había ocupado la actual séptima posición a estas alturas del curso. La diferencia de quince puntos con respecto al líder parece sideral. Los puestos de Champions tampoco están mucho más próximos. El Liverpool ocupa la plaza que da acceso a la previa y se encuentra a nueve. Ni siquiera la incorporación de Juan Mata en el mercado invernal ha parecido surtir efecto. La llegada del español es un lujo para cualquier entrenador, pero sigue sin ser la solución el soberano problema de  los de Moyes en la construcción de juego. El último empate cosechado en casa ante el Fulham, el colista, así lo ha demostrado.

Y sí, a perro flaco todos se le vuelven pulgas. Ante tal panorama, Nemanja Vidic ha dicho que tras esta temporada pone tierra de por medio. Con todos estos problemas, ahora por delante tocan cuatro encuentros consecutivos lejos de casa. Diez días después de la visita al Emirates para medirse al Arsenal tocará jugar en Selhurst Park donde les esperará Tony Pulis con todo su Crystal Palace subido al autobús. Tras ello viaje a The Hawthorns donde un West Bromwich Albion con el agua al cuello se juega la vida. A este tour al que hay que sumar la ida de octavos de final de la Champions en Atenas ante el Olympiacos. Pepe Mel y “Míchel” pueden dictar sentencia para cuando se vuelva a jugar en Old Trafford, dentro de algo más de un mes. Para entonces Moyes habrá terminado de comprobar el peso que recayó sobre él cuando recogió el testigo de Ferguson. Un regalo de doble filo.

David Moyes es el decimonoveno miembro de un selecto grupo de entrenadores que ha albergado el banquillo de Old Trafford a lo largo de sus ya 105 años de historia. El centenario estadio del Manchester United es sin duda es una de las grandes catedrales de este deporte. Por algo se le conoce como el Teatro de los Sueños.  Foto: Jon Super – Associated Press

David Moyes es el decimonoveno miembro de un selecto grupo de entrenadores que ha albergado el banquillo de Old Trafford a lo largo de sus ya 105 años de historia. El centenario estadio del Manchester United es sin duda es una de las grandes catedrales de este deporte. Por algo se le conoce como el Teatro de los Sueños. Jon Super – Associated Press

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