Philip Seymour Hoffman

Reuters

PeterILU

Reconozcámoslo. Las muertes de los actores son más o menos trágicas en función de una razón egoísta para el espectador: ¿cuántas películas suyas nos habrían llegado de vivir en los años venideros? Cuando se trata de nonanegenarios intérpretes, retirados hace décadas, el impacto es pequeño. Si nunca conociste a Joan Fontaine fuera de la pantalla, su muerte dista de ser una tragedia. Su último trabajo para el cine databa de 1966. Era una criatura del blanco y negro que ya lo había dicho todo. Tiene mucho que ver con la edad, pero no exclusivamente. Téngase en cuenta a Paul Newman, por ejemplo. Murió tras haber cumplido 83 años. Es una cifra respetable, pero si se considera que sólo hacía seis que había bordado un papel en Camino a la Perdición (Road to Perdition, Sam Mendes, 2002) y dos desde que había sido el coche viejo de Cars (John Lassetter, 2006) es lógico lamentar quedar privados de nuevas interpretaciones, por muy anciano que éstas le pillaran.

Por eso, la muerte de Philip Seymour Hoffman es un mazazo. ¡46 años! Son los que tenía De Niro a finales de la década de los 80. Un drama. Hoffman estaba en un momento de forma imparable. Su especialidad eran los personajes torvos. Estuvo memorable personificando la mezquindad en esa joyita que fue Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the devil knows you’re dead, Sidney Lumet, 2007). Dicen que fue Paul Thomas Anderson el que sacó lo mejor de él. Puede ser. Nada de lo que rodea a The Master (2012) me interesa especialmente. Pero Hoffman estuvo magnífico tanto como el atolondrado técnico del porno en Boogie Nights (1997) como por ese enfermero inocentón -tan alejado de sus papeles habituales- al que dio vida en Magnolia (1999). Que nadie caiga en la pedantería de olvidar sus trabajos para el Hollywood más comercial. Si Y entonces llegó ella (Along came Polly, John Hamburg, 2003) puede ser recordada por algo es por el desopilante trabajo de nuestro hombre. Su personaje creaba un escatológico concepto -“pedicagarse”- que ya es de uso diario de aquellos que han visto esa (por otra parte olvidable) comedieta.

En los próximos meses llegarán a las pantallas el puñado de proyectos que Hoffman dejó pendientes de estreno. Y entonces sí que habrá acabado todo. No veremos envejecer a uno de los mejores actores de su generación. Lo dicho: un drama.

¿Quieres saber más de Peter FallowPeterILU

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s