El cuento de la princesa tonta y el sapo

RamonILU

Érase una vez, una princesa, que salió más guapa que su hermana. Conoció un día a un jugador de balonmano, de esos que están cachas, dos metros de músculo, y se enamoró de él. Parecía un cuento de hadas. Ella no se lo creía.

El Rey y la Reina dieron el visto bueno a la pareja. Eran dos jóvenes enamorados. Se casaron felices en Barcelona y les nombraron Duques de una isla. Todo era perfecto. Él dejó el balonmano. Tuvieron hijos por doquier y de la noche a la mañana se convirtió en sapo.

-Cariñoo, ¿qué me pasa? -dijo él preocupado-.

-No sé, estoy con los niños. ¿Qué te pasa?

-¿Que qué me pasaaa? Croac. Que soy un puto sapo cariño. Croac.

-¿Qué dices? Ahhh, gritó de un susto.

-Hola cari, soy yo tu príncipe. Croac.

La princesa no sabía qué hacer con el sapo de su marido. No entendía nada. Era un poco cortita, la pobre. Se preguntaba por qué se había convertido en un sapo si en los cuentos era al revés. El sapo se convertía en príncipe. La princesa, también conocida como infanta, no daba con la solución para que su maridito volviera a ser como antes.

-¿Qué habrá hecho para convertirse en sapo?¿Es una maldición?, se preguntaba.

La princesa se fue a hablar con sus padres y les contó lo que había pasado. Su marido, el fornido jugador de balonmano, buena persona y mejor padre, era un sapo.

-Pobrecillo, exclamaba la Reina.

-Ni pobrecillo ni leches, dijo el Rey enfurecido. Seguro que ha hecho algo malo. Le diré a mis guardias que investiguen que ha hecho.

A los pocos días, el Rey llamó a su hija. Le explicó que su marido se había aprovechado de la Corona para ganar dinero. Había creado empresas para adinerarse y engañar al fisco.

-Hija, ¿tú sabías algo de todo esto?

-No papá, dijo la princesa. Pero no me creo que mi marido haya hecho todo eso. Si es muy buena persona.

-No me mientas, le espetó el Rey. Sé de buena tinta que tú conoces todas estas andanzas de tu marido y no pienso tolerar esto. Ahora mismo os vais lejos de aquí.

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Los príncipes cogieron sus maletas y se fueron bien lejos. Rehicieron sus vidas y fueron acogidos como duques que son. La nobleza es la nobleza, aunque fuera un sapo.

Meses más tarde, unos periodistas sacaron a la luz parte de lo que había hecho el príncipe durante varios años. Se trataba de la parte de pedir dinero a administraciones y empresarios para obtener un dinero sin nada a cambio. El Rey se puso nervioso, tanto que decidió abandonar durante unas semanas el país. Se fue a cazar elefantes a África en buena compañía.

Los periodistas continuaron publicando más información al respecto. La Justicia no tuvo más remedio que actuar. Los príncipes vivían en la parra, no se enteraban de nada, o por lo menos eso es lo que nos hacían creer. Hasta que un día no pudieron ocultarse más, y todo el mundo conocía al sapo listo que mangoneaba allá donde podía.

La princesa seguía en su papel de tonta. “Yo no sé nada”. Quería autoconvencerse. Hasta su marido le decía que si no sabía sumar como iba a hacer todas esas cosas. Menos mal que la princesa trabaja en una entidad bancaria.

El cuento de los príncipes no se lo tragaba nadie. El Rey, el primero, por lo que no ha podido aguantar más la presión y se ha venido abajo totalmente. La Corona está manchada. La Justicia no quiere mirar hacia otro lado y sigue su investigación contra el príncipe sapo. Meses más tarde, la princesa tonta es descubierta. Sale en todos los papeles y desaparece del planeta por arte de magia.

Ahora la Justicia sí tiene bien cogidos a los príncipes. Pero de repente, un extraño les salva. ¿Qué ha pasado?, se pregunta el pueblo, quemado de tanta corrupción. Parece ser que el juez se ha equivocado, cuentan algunos. Otros dicen que ha sido el Rey el que ha presionado para que su hija no saliera en ningún lado. Había mucho en juego.

Pero la prensa no daba su brazo a torcer. Cada vez aparecían más documentos que delataban a la princesa tonta. Esta vez el juez se armó de valor y volvió a imputar a la infanta. ¿Y ahora qué?, se preguntan algunos.

Nota: Pues para eso hay que esperar. El final del cuento no se ha acabado. O la princesa se convierte en rana o el sapo vuelve a ser príncipe. Ustedes dirán, les dejo poner el final que prefieran.

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