Pantallas Enemigas

PeterILUEl cine y la televisión están condenados a entenderse. Y, sin embargo, a lo largo de su historia ha habido un buen cúmulo de sonoros desencuentros. Cuando el televisor se popularizó como electrodoméstico en EEUU en los años 50 del siglo XX, el cine hubo de ponerse las pilas. La caída de espectadores se frenó a base de espectáculo. Si la gente no salía de casa porque allí tenían una pequeña pantalla en blanco y negro, las salas tenían que atraerles con lo contrario: historias rodadas a todo color en formatos totalmente rectangulares. Nació así el CinemaScope.

La tele, por su parte, siempre necesitó del cine para rellenar el mayor número de horas de programación posibles. El traslado de una obra cinematográfica a la pantalla de televisión sólo debía estar condicionado a unas cuantas pautas de puro sentido común. Casi todas se han incumplido. Hablábamos antes de los espectaculares formatos panorámicos con los que el cine dejó pequeño el televisor. Surgió un problema cuando esas obras fastuosas tuvieron que irse camino al salón de casa. Para mantener sus dimensiones reales, las películas tenían que emitirse con dos enormes franjas negras arriba y abajo. El público en general las abominaba, por más que los cinéfilos no las concibieran de otra forma. Ganaron los primeros, más numerosos. De este modo, las películas se han emitido durante décadas en televisión amputando el formato; cogiendo la parte más interesante del encuadre para llenar con ella toda la pantalla. Una atrocidad que llevó a Sydney Pollack a demandar a una cadena de televisión danesa por un pase de Los tres días del cóndor (The three days of the condor, 1975) en 1991, por ejemplo. Otro directores menos combativos optaron por situar lo más interesante en el centro, para que sólo se perdiera información visual más accesoria. No era para menos: las versiones amputadas llegaban a falsear movimientos de cámara, echando por tierra la propia concepción que el director tenía de un plano concreto.

¡Qué decir de las interrupciones publicitarias! Parar el torrente de emociones que supone una buena película para anunciar Scottex ha traído por la calle de la amargura a los más puristas. Por si alguien había conseguido olvidarlo, Ted Turner tuvo la ocurrencia de colorear clásicos en blanco y negro. Ni Casablanca (Michael Curtiz, 1942) se libró. La lista de agravios es interminable.

España conoció el último hace pocas fechas. En una jugada desconcertante, Telecinco emitió un doble programa doble consistente en sendas versiones troceadas de Avatar (James Cameron, 2009) y Titanic (James Cameron, 1997). ¿Mande? Un día emitieron un primer trocito de casa una de ellas. Y, la noche siguiente, los dos restantes. Antena 3 ya había cometido parecida atrocidad con la más antigua de las dos alguna vez. Pero lo de Telecinco agotaba cualquier reserva de adjetivos. Poniéndose muy comprensivos, se podría aducir que el excepcional metraje de la película -dos horas y 42 minutos- recomendaba la jugada. Pero lo de juntarlo con Titanic -tres horas y 14 minutos- echaba por tierra el argumento. Si vas a estar poniendo cine de James Cameron hasta la madrugada, ¿por qué demonios no lo haces con la misma película?

Captura de pantalla 2013-11-26 a las 19.33.58

Ni recuerdo cuando fue la última vez que vi un filme mientras se emitía en una cadena generalista de televisión. Ya en tiempos del VHS recurría a grabaciones prácticamente en exclusiva; podía sentarme ante la tele cuando yo quisiera y pasar rápido la publicidad. Ya sé que es un caso personal, pero me da en la nariz que los demás espectadores también van por ahí. En estos tiempos, pocos serán los interesados en ver Avatar que hayan tenido que esperar a que Paolo Vasile se la sirva en bandeja. Y, sin embargo, ahí están los datos. El primer fragmento de Avatar hizo un espectacular 32,1% de share (más de 6 millones de espectadores). Son registros de cuando todavía no emitían Cuatro y La Sexta. De hecho, batía el récord de emisión cinematográfica que hasta entonces ostentaba, precisamente, Titanic, (en Antena 3, el 28 de mayo de 2001, con las Torres Gemelas aún en pie… su share fue entonces del 47%). Batió un récord, pero no tardó en ser superada… por sí misma; el segundo fragmento anotó todavía más porcentaje (32.2%) y espectadores (6’2 millones). Los dos fascículos de Titanic, lanzados ya en una franja de poco consumo, se defendieron estupendamente. A los pocos días, Mediaset decidió rentabilizar aún más la inversión (se habla de cuatro millones de euros) con un nuevo pase de Avatar, esta vez de un tirón, en horario de sobremesa, y a través de Cuatro. Lideró su franja de emisión.

Se confirma: todo puede pasar. El maltrato de la televisión hacia el cine puede adoptar nuevas e insospechadas formas. ¿Emitir una secuencia al día y estirar Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, Victor Fleming, 1939) como si fuese Santa Bárbara? Chsssssssssssst. Que no se entere Paolo.

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2 pensamientos en “Pantallas Enemigas

  1. ¿Qué te parece que Mediaset torpedeara la emisión de Homeland (Cuatro) con Avatar? Mañana vuelve a hacer lo mismo, poniendo La Voz a la misma hora. ¿No son lo mismo? Parece que Vasile solo quiere a Telecinco

    • No lo creo. Vasile sabe perfectamente qué dos canales tiene y cómo diferenciar sus parrillas y sus públicos objetivos. ¿AVATAR contra HOMELAND? Quizá fuera un poco arriesgado. Pero HOMELAND y LA VOZ no son para el mismo target

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