A Ana Botella ya no la quiere ni su marido

RamonILU

¿Qué pasa en Madrid? Madrid ya no es lo que era. Desde que Alberto Ruiz-Gallardón nos dejara a Ana Botella a cargo del Ayuntamiento, la ciudad va en picado. También es cierto que ha cogido toda la crisis. Pero la alcaldesa no vale para la política, si se ve la política como un servicio para los ciudadanos.

A los hechos me refiero. La señora de Aznar salta a la política justo cuando su marido abandona y se retira como expresidente antes de que le ganen las elecciones. Botella, con su sonrisa plomiza (dientes que es lo que les jode que diría la Pantoja) se echó a las faldas de Gallardón que la acogió por decreto ley de Aznar. Tampoco era cuestión de que se hiciera con los mandos de Génova. Ahí estuvo listo el cansino y amenazador marido de la alcaldesa.

En algo menos de dos años, la capital del Reino ha dado un volantazo. Para mal. Ya conté algo en el post Madrid, más pobre que nunca. De ser la locomotora económica de España ha pasado a ser una ciudad más. Con muchos problemas económicos. La deuda del Ayuntamiento no hay quien la contenga. Pero los ciudadanos de Madrid arrimamos el hombro como nadie para tirar hacia delante.

Botella empezó su carrera política señalada. Por todos. La que había sido la segunda dama de España durante ocho años iba a seguir sonriéndonos, pero desde el balcón del Ayuntamiento. Lo que nunca nos imaginábamos es que iba a llegar a alcaldesa. Nadie la eligió. Pero como iba en las listas y Gallardón no tenía otra, pues a tragar con Botella.

Ana Botella y su eterna sonrisa cansan a más de uno. FOTO: Europa Press en lavanguardia.com

Ana Botella y su eterna sonrisa cansan a más de uno. Europa Press en lavanguardia.com

A los pocos meses, primera crisis. La tragedia del Madrid Arena tambalea los cimientos de Correos, actual sede del consistorio madrileño. Tres chicas fallecen y se conocen negligencias muy duras por parte del Ayuntamiento. Ruedan cabezas, pero no es suficiente. Un año después, no ha habido responsabilidades políticas ni penales. El hijo de la Gran Bretaña que provocó la tragedia sigue libre. ¿A qué espera la justicia para actuar con toda la ley?

Por cierto que no se me olvida. Botella despachó el asunto desde un hotel-spa a las afueras de Lisboa. A pesar de todo, Botella no ha perdido su sonrisa. Ahí sigue.

Otro hecho. El que ahora sufrimos todos los madrileños. El de la limpieza de las calles. Señora Botella, ¿a qué espera para quitarse de en medio a la empresa que incumple el contrato? ¿Por qué no se atreve? ¿Tiene miedo de que sean despedidos miles de trabajadores? Lo que no puede ser es que 6.000 empleados, pagados de los bolsillos de los madrileños, pongan en jaque la salud de cuatro millones de personas. Derecho a la huelga sí, pero derecho a jugar con nuestras vidas, no. Basta ya. Además, ¿cómo puede decir que nos hemos acostumbrado a que Madrid esté limpio? Usted no se merece llevar las llaves de la capital.

Al final, los que pagamos el pato somos los tontos de siempre. Además de pagar impuestos y los servicios externalizados nos dedicamos a reírle las gracias a nuestra alcaldesa. Cómo no nos vamos a acordar de su magnífico “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”. Son continuas sus meteduras de pata. Recuerda a la primeriza Esperanza Aguirre cuando era vapuleada por Pablo Carbonell y el Gran Wyoming en Caiga quien Caiga (reconozco que era divertido).

La jefa del consistorio tiene muchos problemas. Sobre todo para adelgazar la deuda pública. Sus nuevas cuentas dicen que el próximo año la reducirá en 800 millones. Vamos a ver cómo lo hace. De momento ya nos ha metido un gol a todos. El de los impuestos. Hace unos meses decía que iba a bajar las tasas a los madrileños. Y no es que las baje o las mantenga, es que las ha subido. El IBI, ese amigo que tenemos de visita todos los noviembres, ha aumentado considerablemente. 23 euros de media. Y aquí no pasa nada. Pues sí, alcaldesa, no mienta. Cállese que con su sonrisita ya tenemos bastante. Dirá que ha bajado la tasa de las basuras. Claro, normal, si se ha reducido el servicio, no puede cobrarnos por ello. Sería de órdago a la grande.

Otro servicio que se ve amenazado es el de los autobuses de la EMT. La empresa municipal de transportes está a punto de saltar por los aires. Les van a reducir el salario un 7% y hay amenazas de despido colectivo. De los de aúpa. De momento, ya hay menos turnos en bastantes líneas. Se han visto recortadas muchas, algunas por encima del 50%. Sólo hay que ver aquellas líneas de autobús que circulan un recorrido parecido al de una línea de metro. Ahora pasan cada cuarto de hora, antes cada cinco minutos.

Botella tiene otros fuegos que apagar. ¿Qué pasa con la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo? ¿La va a vender o qué va hacer con ella? Tiene mucho trabajo. Tanto que cada vez está menos por casa. Algo que agradece su propio marido. Así tiene tiempo para escribir sus memorias. Alcaldesa, ya no te quiere (ver) ni tu propio marido. Fin de la cita.

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