Una guerra de huevos por Halloween (y II)

RamonILUCada año la guerra de huevos por Halloween iba a más. La gente de los barrios de alrededor se preguntaba por qué los autobuses iban llenos de huevos todos los 31 de octubre. La curiosidad y las amistades con algunos de La Piovera dieron a conocer la fiesta en la Alameda de Osuna, Barajas y Canillejas.

Es entonces cuando la guerra de huevos se convirtió en un auténtico desfase. Totalmente descontrolada. Allí se juntaban cientos de jóvenes con docenas de huevos cada uno. Imagíneselo. Habíamos pasado de una guerra entre unas decenas de chavales, que todos se conocían y se lanzaban los huevos entre ellos, a una batalla sin miramientos. Cualquier persona se podía llevar un huevazo. El día siguiente, día de Todos los Santos, la calle olía a huevo. Era un hedor asqueroso además de tener asegurado tu coche manchado de huevo por todos lados.

Los porteros limpiaban los portales. Y algunos vecinos intentaban maquillar la calle como podían. Era festivo y los cuatro locales comerciales, ataviados de una capa naranja y blanca, estaban cerrados.

Tal era el descontrol que algunos vecinos de La Piovera no tuvieron más remedio que llamar a la Policía. Al final se unían los chavales de La Pio contra los alamedos o los de Canillejas (estos eran los más macarras).

La policía acudía cada 31 de octubre a La Piovera para quitar los huevos a los chavales. FOTO: 20minutos.es

La policía acudía cada 31 de octubre a La Piovera para quitar los huevos a los chavales. 20minutos.es

Las pillerías eran ya de doctorado en kale borroka. O casi. Los huevos se cocían para hacer más daño. O incluso se hacía un agujero en un huevo, para vaciarlo y rellenarlo de tinta. Luego se tapaba con unas gotas de Superglú y listo. Esto era a los mediados de los noventa.

La policía acudía cada 31 de octubre a La Piovera. Pero no se crean, iban bastantes. Había decenas de polis por todos lados. Entonces la guerra era doble. Una, atacar al resto de chavales y otra, que no te cogiera la policía.

Algunos miembros del cuerpo de nacionales no se cortaba un pelo. Yo mismo vi como sacaban la porra a pasear, ¿verdad Arturo? Este chico, que ahora ya no lo es tanto, estaba en medio del fregado cuando un policía le preguntó: “A ver los huevos, ¿dónde los tienes?” A lo que respondió Arturo con un “aquí”, señalándose las partes íntimas. El porrazo en las piernas estaba ganado a pulso.

La astucia de los jóvenes era tal que parecía más una guerra de verdad que el juego con el que empezó todo. Algunos chicos hacían de cobaya. Iban con las mochilas vacías para entretener a la policía, mientras otros se encargaban de lanzarlos por otro lado. Las carreras eran continuas por todas las calles de La Pio. Sirenas de los coches de la policía, luces azules que iluminaban las aceras y edificios. En serio, parecía más una manifestación de las de ahora en el Congreso que otra cosa.

Incluso ya no se tiraban huevos. O eso es lo que decía la policía. Si no, miren este documento del diario ABC.

Captura de pantalla 2013-10-29 a las 20.02.08

Dicen que se tiraron botellas. Yo en todos los años que estuve allí no vi un lanzamiento de botella, aunque eso no significa que no los hubiera. Estoy convencido de que los pioveros no lanzamos ni una botella. Ni contra la policía ni contra los autobuses. Eran de otros barrios. Los típicos gilipollas que se aprovechan de una fiesta así para montarla y liarla. Los hay en todas las manifestaciones.

Un año antes, el diario El País escribió lo siguiente. Como podéis ver no me estoy inventando nada. Seguramente más de uno pensaba que esto era ficción. Pues no. Así nos las gastábamos en La Pio. Pero no era nuestra intención que eso se convirtiera en la batalla de las batallas de huevos.

Se pasó de un divertimento de unos pocos chavales a una salvajada. Año a año, la policía fue controlando la situación. Los chavales fueron creciendo y ya no era el momento de seguir con las gracias de lanzar huevos.

Hace mucho que no se ve un huevo por La Piovera. A día de hoy el truco o trato ha ganado el terreno al huevo. Los niños van casa por casa pidiendo chucherías, vestidos de monstruos o lo que tuvieran por casa. Al final el marketing estadounidense se ha impuesto a la barbarie española. Pero a lo mejor un día, la guerra de huevos sana vuelve a La Piovera por Halloween. Es lo que tiene la Piovera, un ADN distinto que siempre está vivo y que por mucho que esté en horas bajas puede resucitar en cualquier momento como el Ave Fénix. Feliz Halloween, pijoveros.

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