Tenemos que ayudar a Michael Bublé

Hace bien Michael en reclamarnos con el dedo. Nos necesita.

PeterILUTenemos que ayudar a Michael Bublé. De lo contrario, acabará gordo y calvo actuando exclusivamente en Las Vegas, a lo Liberace pero sin candelabro tras el que esconderse. La atenta escucha de su último disco, To be loved, me ha llevado a estas terroríficas impresiones.

El tiempo pasa muy deprisa. Pongo la venda antes que la herida para soltar el dato a bocajarro: ha transcurrido ya una década desde el lanzamiento de Michael Bublé (2003). Aquel disco, horrorosamente titulado como su intérprete, sirvió para que los españoles conociéramos a un canadiense que no tenía ni treinta años y cantaba como Frank Sinatra. Puro swing. Su “single” de presentación era una versión del Moondance de Van Morrison que quitaba el hipo. Nunca he tenido dotes de Rappel, pero recuerdo escuchar el tema en Cadena 100 (tiempos de Arús) y pensar en el inmenso futuro que aguardaba a aquel crooner de nuevo cuño. Y, demontres, no me equivoqué. El repertorio estaba cuidadosamente escogido. Un equilibrio entre los “standars” clásicos –For once in my life, Summer Wind, Come fly with me, Fever– y las versiones de canciones de otros géneros –Crazy little thing called love, How cand you mend a broken heart, la propia Moondance– Imitar el estilo Sinatra, por un lado, y “sinatrizar” canciones de Queen, los Bee Gees o Genesis. Un pelotazo.

Discografía de un “crooner”

Bublé se hizo un nombre. Atrás quedaron las exclusivas actuaciones en fiestas privadas de magnates. Tocaba vivir del mercado discográfico. Su segundo álbum, It’s time (2005), explotó la misma fórmula, quizá con mayor dosis de ambición. Mucho clásico potente, algo de los Beatles y duetos, que siempre visten. El producto Bublé cobraba forma. Pero, ¿daría un paso más?

A medias. Call me irresponsible (2007) incluyó canciones nuevas. Compuestas sólo para Bublé, quiero decir. Con él mismo participando en el proceso, incluso. Sólo había un pequeño problema: eran malísimas. Al menos, si se comparaban con las estupendas versiones contenidas en ese trabajo, de Mancini (It had better be tonight) a Eric Clapton (Wonderful Tonight), pasando por Leonard Cohen (I’m your man).

Para cuando ve la luz Crazy Love (2009), Bublé ya es un icono. De nuevo, Van Morrison, fuente original de la canción que da título al disco. Las señales de alarma están claras: el muchacho es resultón versionando, pero no ha encontrado autores capaces de crearle un repertorio potente que iguale a los “standards” -esos clásicos americanos interpretados por todas las voces relevantes- o a las vueltas de tuerca sobre canciones de otros géneros. Bublé comienza a dar la razón a sus detractores; si no es un producto prefabricado, da la sensación de que quiere parecerlo.

A MB le cuesta “ser amado”

Y así llegamos a To be loved (2013). ¿Paso adelante en la carrera del canadiense? Otra vez no. La alerta ya es roja. ¿Hemos perdido a Michael Bublé?

El disco se abre con You make me feel so Young. Es un “standard” que tenemos asociado a la voz (valga la redundancia) de Frank Sinatra. Suena bien, claro que si. Pero no aporta nada. Es lo mismo que el cantante lleva diez años sirviéndonos. It’s a beautiful day es cosecha propia. Ramplona, de carril. Ése es el gran problema de Bublé. Si sus canciones “nuevas” van a ser así, es mejor que siga haciendo versiones, con lo que vivirá en un bucle eterno. En To love somebody, el intérprete acomete a uno de los grupos que mejores resultados le había dado en el pasado, The Bee Gees. Nos quedamos igual. Tampoco al tema soul Who’s loving you? le saca demasiada chicha. Pero lo más preocupante está por llegar. Canción número 5: Something Stupid… a dúo con Reese Witherspoon.

Es el síntoma más claro de todos los males expuestos anteriormente. Veamos: la canción que Sinatra cantó al límite de lo incestuoso con su hija Nancy ya había sido versionada en 2001 por Robbie Williams… quién ya tuvo brillante idea de ser acompañado por una actriz, Nicole Kidman. Es lo mismo, doce años después. Su público natural tiene la suficiente edad como para recordarlo perfectamente. Si ya copias hasta al que copia la calidad de tu producto va a quedar muy resentida. Y no es que ellos suenen mal. Es que ya lo hemos escuchado.

Para volver a Sinatra sólo tenemos que darle una vez al “skip” de nuestro reproductor. Y es que en la pista 6 nos aguarda Come dance with me. Bublé tira de gracia y levanta el tema que, otra vez, suena a más de lo mismo. Close your eyes abre un nuevo paréntesis en forma de tema propio. Mejor cerrarlo pronto. Hay atracones de miel que resultan menos empalagosos. En muy parecida línea transcurre After All, otra de las novedades. Es un dúo con Bryan Adams que suena directamente a sintonía de teleserie de los noventa. Huir. Rápido, otro “standard”. He ahí Have you lately that I love you? Ligero aire a villancico. De ahí pasamos a To be loved, la canción que da título al álbum. Y uno de los pocos riesgos que toma el disco: versionar una canción Disney, y además reciente: el You’ve got a friend de Randy Newman para Toy Story. Se hace raro escuchar el tema sin la voz quebradiza de su autor e intérprete original. Lo mejor está por llegar. No, no ha vuelto a hacer The best is yet to come, que esa ya estaba en Call me irresponsible. Es que el mejor Bublé de este último trabajo está en el corte 12, Nevertheless (I’m in love with you). Es un pedazo de “standard”. Lo han cantado Fred Astaire, Bing Crosby, Dean Martin, Liza Minnelli, Olivia Newton-John, Nilsson, Mel Tormé… Nuestro hombre lo interpreta magníficamente. Hay esperanza. No, no será un gran disco, pero To be loved no termina de enterrar a un gran cantante que está pidiendo a gritos autores capaces de hacerle un traje a medida. Si les parece, nos saltamos I got easy. Es que es otra canción nueva y van a pensar que tengo fijación. Si lo hacemos, empalmaremos Nevertheless… con otra joyita, Young at heart. Supongo que la conexión “Young” para abrir y cerrar el disco habrá sido intencionada. En este otro clásico americano, Bublé da lo mejor de sí. ¡Qué fraseo! ¡Qué modo de recrearse en la letra, balanceándose al son de la melodía! Es un buen punto final a un disco, como han leído, del montón.

Antes de que se cumpla la profecía del primer párrafo, y MB acabe interpretado por Michael Douglas en algún telefilme de éxito, el cantante va a dejarse caer por España. Actúa el 30 de enero en el Palau Sant Jordi de Barcelona y, al día siguiente, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Quizá sea la última oportunidad…

¿Quieres saber más de Peter FallowPeterILU

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