El juego del rescate

RamonILULa infancia es una especie de milagro. Nos acordamos de ella de vez en cuando. Siempre nos deja marcados. En esa etapa de mi vida no existían las consolas ni los móviles. Jugábamos con lo que fuera. Éramos carne de la calle. El balón era el principal reclamo pero cuando no había, nos inventábamos cualquier juego. Uno de los que más me gustaba era el juego del rescate.

Consistía en que un grupo minoritario de chavales la ligaban. Y tenían que coger al grupo mayoritario (a veces se igualaban los equipos). Los malos iban cogiendo a los buenos y los colocaban uno a uno, enganchados de la mano, en una farola o en el primer árbol que vieran.

Rajoy le ríe las gracias a Merkel. FOTO: Juanjo Martín (EFE) en elpais.com

Rajoy le ríe las gracias a Merkel. FOTO: Juanjo Martín (EFE) en elpais.com

Los buenos, mientras hubiese alguno, tenían que ir a rescatarlos. Con tocarlos de la mano bastaba y se liberaban todos otra vez. Era el juego eterno. Solo se cambiaba de papel cuando los malos atrapaban a todos los buenos.

Algo parecido sucede ahora mismo con todos nosotros. Pero el juego ha cambiado un poco las reglas. Todos los españoles somos los buenos. Tenemos que evitar que nos cojan. Los malos son el Estado, el Gobierno y los políticos.

La partida se inició en 2008. La incapacidad de los malos para cogernos hace que llamen a otros amigos (UE, FMI, Merkel, ya saben la Troika al completo) para intentar cogernos. Lo intentan, pero como no lo consiguen, se dedican a ir a por la banca.

Cogen a la banca y la prestan 40.000 millones. Los tienen bien atados. Y el resto de idiotas que jugamos tenemos que ir a rescatarlos. Sí, con nuestro dinerito hemos ido a rescatar a los que han saqueado las cajas de ahorro. Olé.

Nosotros nos quejamos y decimos que no queremos seguir jugando porque han cambiado las reglas del juego. “Así no eraaaa”, pataleamos. Pero ya no hay vuelta atrás. Estamos obligados a ir a rescatarlos. Lo hacemos. Pero el juego no ha terminado.

Los malos han conseguido tomarnos el pelo una vez más. Ahora han cogido a las constructoras. Tenemos que rescatar sus inversiones de mierda. Sus autopistas de palo. Las que no sirven. Las que nadie quiere. Pero nos las tenemos que comer. Dice la ministra Ana Pastor que no va a salir de nuestro bolsillo. Mentirosa. ¿Cómo se va a hacer si no es con el dinero de todos los contribuyentes? Una trola más.

El rescate les hace mucha gracia a De Guindos y Juncker. FOTO: AFP en abc.es

El rescate les hace mucha gracia a De Guindos y Juncker. AFP en abc.es

Estoy convencido que, como borregos que somos, rescataremos a las constructoras. ¿Por qué no? Si son muy buenas. Pobrecillas. Pero estoy seguro que los malos volverán a coger a otros. Las eléctricas tienen ganas. El déficit de tarifa ronda los 30.000 millones y acabaremos pagando. Bueno, ya lo estamos haciendo, pero sin decir que ha sido un rescate.

En definitiva, el juego eterno del rescate parece no tener fin. Pero los buenos comienzan a estar hartos de las reglas del juego impuestas. Puede que haya rebelión, pero la fortaleza de los malos es la debilidad de los buenos. Eso sí, a ver si cogen a los parados, a los autónomos y emprendedores de este país. A ellos sí hay que rescatarlos y ayudarles a seguir con sus negocios.

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