Genética de la decepción

ChusILUTreinta años han pasado desde el debut en competición europea del NEC. Tres décadas en las que pocas cosas han cambiado en el club de Nimega. Sobre todo su tendencia natural a la tragedia. A pegarse un tiro en el pie. Nadie mejor que su entrenador, Anton Janssen la conoce. La vivió como jugador y más recientemente como técnico. De Van Rossum a Jahanbakhsh dos autogoles marcan la historia de un equipo que siempre que comienza a divisar cotas más altas, recobra su identidad. La de un club modesto al que el vértigo castiga nada más comenzar a tomar vuelo.

Esas cosas que tiene el fútbol quisieron que el 19 de octubre de 1983, el Goffertstadion de Nimega se preparara para albergar el encuentro más importante de todos los que se hayan celebrado jamás en él. Aquel día el Fútbol Club Barcelona lo visitaba para medirse al NEC. Era la ida de los octavos de final de la difunta Recopa.

La temporada anterior el modesto equipo de la ciudad había logrado algo único en la historia del fútbol holandés. Aquella campaña la liga fue un calvario. El NEC terminó el curso descendiendo como último clasificado del torneo. Sin embargo en la copa las cosas fueron marchando. Partido a partido se llegó hasta la final donde esperaba el todopoderoso Ajax.

Los de Ámsterdam ya se habían proclamado campeones de la Eredivisie unas semanas antes y no dieron opción a la posibilidad de no obtener llevarse el doblete. Dos 3 -1 a su favor, tanto a la ida como a la vuelta, demostraron la superioridad ajaccied. Aquella KNVB Beker fue el último título que levantó Johan Cruyff con el equipo de que su vida en su último partido defendiendo su camiseta. Además fue el autor del último gol de la eliminatoria el que detuvo la cuenta en 267. El número total de tantos que marcó para los amsterdamers. Aunque esa, es otra historia.

La derrota fue un duro golpe para el NEC que en unos días había visto como se perdían la categoría y las opciones de haber sumado su primer gran título. Algo que aún a día de hoy siguen esperando tras haber jugado cuatro finales de copa. Sin embargo el verano pasó y la ilusión en la ciudad por disputar por primera vez competición europea fue poco a poco animando al equipo. Y viceversa.

El Ajax como campeón de liga disputaría la Copa de Europa aquella temporada, mientras que el NEC, como finalista del último torneo del K.O. jugaría la Recopa a pesar de encontrarse enrolado en la Eerste divisie, la segunda división del fútbol holandés. Uno de esas raras avis que nos deja la historia del fútbol como cuando en nuestro país, el Castilla jugó competición continental pese a ser el filial del Real Madrid.

Así llegamos hasta aquel día de octubre de hace treinta años. Tras dejar por el camino al Brann noruego llegaba el turno de recibir al campeón del torneo dos temporadas antes, un acontecimiento histórico para el NEC y para Nimega. Por si fuera poco, el equipo catalán contaba entre sus filas con Diego Armando Maradona el mejor jugador del momento. Todo un bombazo.

Por desgracia, el astro argentino estaba lesionado tras el affaire Goicoechea y no pudo disputar la eliminatoria. Pese a ello, su ausencia, no restaba un ápice de fiabilidad ni atractivo al conjunto dirigido por César Luis Menotti. Con un once formado estrictamente por españoles saltó el Barça al terreno de juego holandés. Urruti; Sánchez, Migueli, Alexanco y Julio Alberto; Víctor, Esteban, Perico Alonso y Marcos; Urbano y Carrasco, fueron los elegidos aquella noche por el rosarino. Parecía un trámite. Pero no lo fue.

El frío, la relajación azulgrana o la dureza y determinación del NEC hicieron que el milagro de la victoria pasara por la cabeza de los espectadores que atestaban la grada del Goffertstadion. En el minuto 44 los locales ya ganaban 2-0. Algo inaudito. Con un juego intenso y bronco, rayando por momentos la dureza, los de Nimega daban la gran sorpresa. Sin embargo salió a relucir la genética del equipo holandés. Cuanto más de cara se ponen las cosas, más se terminan torciendo. Estaba escrito en su ADN. No lo pudieron evitar.

Cuando el árbitro iba a pitar el final de la primera parte, Migueli de cabeza acortaba distancias sobre la bocina. El derroche de los cuarenta y cinco minutos iniciales y el tanto encajado pasó factura y tras el descanso el NEC terminó por venirse abajo. A los siete minutos de la reanudación, Eric Van Rossum cedió un balón bombeado a Wim Van Cuijk que le sorprendió y acabó en el fondo de la red. Dos instantes habían bastado para echar por tierra el sueño de eliminar al Barcelona. A partir de ahí el club de la Ciudad Condal tomó la iniciativa terminando por anotar Urbano el 2-3 definitivo. Y eso a pesar de jugar los azulgrana con diez más de media hora por la expulsión de autor del gol que abrió la remontada, Migueli; por agresión.  La vuelta en el Camp Nou fue un trámite y el NEC quedó apeado de la Recopa.

El mediocentro islandés Victor Pàlsson tuvo el honor de inaugurar una curiosa iniciativa del club para motivar a sus futbolistas. Tras cada partido una votación entre los aficionados decidiría al mejor jugador del NEC. El elegido junto con uno de los participantes en la votación obtendría un lavado a mano de su coche realizado por tres rubísimas holandesas en bikini. Ni aun así funcionan las cosas en el Goffertstadion.

El mediocentro islandés Victor Pàlsson tuvo el honor de inaugurar una curiosa iniciativa del club para motivar a sus futbolistas. Tras cada partido una votación entre los aficionados decidiría al mejor jugador del NEC. El elegido junto con uno de los participantes en la votación obtendría un lavado a mano de su coche realizado por tres rubísimas holandesas en bikini. Ni aun así funcionan las cosas en el Goffertstadion.

Aquel 19 de octubre debió de quedar grabado a fuego en la memoria de Anton Janssen. Por aquel entonces era un joven delantero de 20 años recién cumplidos que daba sus primeros pasos en el mundo del fútbol. Con el tiempo hizo una carrera que le llevó a ganar títulos con el PSV Eindhoven. Entre ellos el de campeón de Europa solo un lustro después. Pero aquel día, aquel gol en propia puerta no lo podrá olvidar jamás. Sobre todo, porque su recuerdo le ha abrazado de nuevo tres décadas después.

A día de hoy Janssen ocupa el cargo de primer entrenador del NEC. Llegó a su puesto en agosto tras dirigir a distintos conjuntos menores y pasar por varios puestos del staff técnico del club de Nimega. Tras quedar el equipo a un solo puesto de jugar la promoción de descenso la temporada pasada, el objetivo de no pasar tantos apuros ésta estaba claro. Pero desde el principio se vio que no iba a ser una misión nada fácil. Un cuarto de campeonato después el NEC es colista.

Tras las tres primeras jornadas el saldo que ofrecía el equipo era desolador. Tres derrotas, catorce goles en contra y tan sólo dos a favor demostraban que este año, iba a ser cualquier cosa menos plácido. Sin embargo el equipo reaccionó. Los cuatro partidos ligueros siguientes se saldaron con cuatro empates. Alguno de ellos muy meritorio, remontada incluida.

El derbi de Güeldres, que se iba a disputar en casa ante el Vitesse, se presentaba como una ocasión única para refrendar esta mejoría. Un triunfo ante el máximo rival podría servir para espolear al equipo hacia arriba. Pero de nuevo, regresaron los fantasmas y se escapó la victoria. Michael Higdon, el flamante fichaje del verano, que recaló en el club tras ser convertirse la campaña pasada en el máximo goleador de la Scottish Premier League con el Motherwell, logró empatar el partido ante los de Arnhem en el minuto 86. Sin embargo, en el 90 de juego Lucas Piazón, viejo conocido de los aficionados del Málaga, con un disparo desde la frontal rescató tres puntos para los visitantes. Pero el colmo de la desgracia del NEC estaba aún por llegar.

Antes del parón por selecciones tocó visitar Deventer para enfrentarse al Go Ahead Eagles, un recién ascendido. Deniz Türüç, Xander Houtkoop y Jarchinio Antonia adelantaron a los del IJseel antes de la media hora de juego. El partido estaba muerto. Pero, a falta de veinte minutos para el final, el NEC volvió al partido. El ya citado Higdon, Jakob Jantscher y Ryan Koolwijk con sus respectivos goles situaron las tablas en el marcador. Corría el minuto 88. Ya sin tiempo para más, en el último ataque, simplemente, la fatalidad.  El iraní Alireza Jahanbakhsh introdujo la pelota en su propia portería al intentar sacar un centro del rival sobre el área. Era el 4-3 definitivo. La desolación era patente. Era el segundo partido consecutivo que el NEC perdía en el último minuto. Treinta años después de aquella noche del 83, un nuevo autogol devolvía al equipo de Nimega a su difícil realidad. La misma que lleva sufriendo desde hace tres décadas. La misma que Anton Janssen no ha podido evitar en varias ocasiones. Y es que contra la naturaleza de uno mismo es imposible revelarse. Por mucho que pase el tiempo.

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