¡Cheers Ebenezer!

ChusILU

Este 2013 se conmemora el 150 aniversario de la creación de la Football Association, la primera institución reguladora de la historia del fútbol. Este deporte ha generado infinidad de nombres que han quedado escritos con letras de oro en sus páginas. Sin embargo el tiempo tiende a olvidar algunos de ellos sin los cuales no se podría entender el mayor espectáculo del mundo tal y como es hoy en día. Ebenezer Cobb Morley, padre espiritual de la materia, es uno de ellos. De su determinación y de la de otros once representantes de clubes londinenses surgió un intangible que no queda limitado al rectángulo de juego.

Algo se movía en el Londres de 1863. El metro transformaba la ciudad en The City. Las distancias se acortaban. Era la gran metrópolis. El centro de un imperio colonial que abarcaba los cinco continentes con la todopoderosa Reina Victoria al frente. Precisamente, en su calle, la Great Queen Street, un grupo de amigos llevaba tiempo reuniéndose en una de las infinitas tabernas que trufan la capital británica. Su nombre; la taberna de los francmasones. La Freemason’s Tavern.

En este clásico pub de Covent Garden se estaba gestando un acuerdo que terminaría creando el mayor espectáculo de todos los tiempos; el fútbol. Entre los integrantes de aquellas discusiones estaba Ebenezer Cobb Morley. Al igual que el resto de sus compañeros, un acomodado estudiante universitario. Este personaje, con un nombre tan sonoro como sublime, estaba llamado a pasar a la historia de este deporte. De todo en cuanto acontecía en sus encuentros él tomaba cumplida nota como secretario siendo además fiel defensor de la madre de todas las disputas; la no utilización de las manos para dotar al juego de mayor fluidez.

La prohibición cromwelliana que impedía la disputa de deporte por considerarlo violento afectó como siempre a las clases bajas. La gran mayoría no podía disfrutar de uno de los esparcimientos lúdicos favoritos en la época, el fútbol de carnaval. Sin embargo, las élites en las universidades sí pudieron celebrar sus encuentros valiéndose de su capacidad para la definir su propia legislación dentro de sus límites. Sin embargo había un pero; en cada una de ellas se practicaba con sus propias reglas. Esta autogestión y el paso de los años permitieron una evolución del juego, ya conocido como, de regate, o dribbling game. Esta fórmula mucho menos agresiva que la ya comentada del fútbol de carnaval limitaba, fundamentalmente, el castigo físico que se podía infligir para quitar el balón al rival. La necesidad de competir obligó a las universidades inglesas a tener que llegar a un pacto. Había que unificar las reglas de un nuevo deporte que poco a poco iba cobrando forma y que cada vez contaba con más adeptos.

Así comenzaron las reuniones de la Freemason’s Tavern en la que los representantes de los principales colleges de Londres iban a decidir el futuro del deporte más practicado del mundo. Después de múltiples encuentros quedaron doce representados. Pronto fueron once por la salida del Blackhealth Propietary School, que defendía la posibilidad de permitir las entradas por debajo de la rodilla algo que los demás impidieron. De esta manera, Los Once, entre los que se encontraba el Barnes de Morley, fundaron la Football Association, la primera regidora  de la historia del fútbol.

Era un lunes de octubre de hace 150 años y así nacía un nuevo deporte que terminaría convirtiéndose en una pasión. Tres meses después, las conclusiones obtenidas por Morley y el resto de sus colegas en las seis reuniones que se sucedieron para terminar de pulir las nuevas reglas, éstas fueron publicadas en el Bell’s Life in London, and Sporting Chronicle para su máxima difusión.

Resulta increíble que siglo y medio después una idea perpetrada por un grupo de pijos decimonónicos se haya convertido en uno de los lenguajes más universales. Una manera de entender la vida independientemente de la procedencia o el destino de cada uno. Un bálsamo dominical sin tener que pisar la iglesia. Una excusa perfecta para dar rienda suelta a la pasión más allá de las clases sociales. Algo por lo que brindar tal y como hicieron Ebenezer con sus colegas para celebrar la creación de una de las mayores empresas de hoy en día. Ellos ya sabían su futuro éxito. O al menos así quiero imaginar que fue todo.

Un incendio obligó a trasladar la Freemason’s Tavern desde su ubicación original en la Great Queen Street. Actualmente está situada en la calle de Long Acre, apenas a un centenar de metros de distancia. Próxima a la parada de metro de Covent Garden es parada obligatoria dentro de cualquier tour por el Londres más futbolístico.

Un incendio obligó a trasladar la Freemason’s Tavern desde su ubicación original en la Great Queen Street. Actualmente está situada en la calle de Long Acre, apenas a un centenar de metros de distancia. Próxima a la parada de metro de Covent Garden es parada obligatoria dentro de cualquier tour por el Londres más futbolístico.

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